Barcelona de aquí para allí

Sant Andreu

Una isla de casas del XIX bendecida por el agua

Escrito por barcelonadeaquiparalli 18-09-2016 en Historia. Comentarios (0)

Pasa desapercibida. A simple vista, la calle Torrent de la Guineu no es más que un callejón sin salida que desemboca en la calle Bofarull, a la altura de la plaza de Islàndia, en el barrio de Navas. El origen de su nombre está en el torrente que nacía en el parque del Guinardó, en la Font del Cuento. Allí brotaba el agua que, tras girar primero hacia el norte para sortear el pequeño cerro del Puig del Cogol seguía su descenso en busca del mar. Solo tres calles de las que seguían el trazado del antiguo torrente se han conservado hasta nuestros días.

De su recorrido por el Guinardó queda la calle Agregació. En el pasaje Artemis, por debajo de la plaza Maragall, ya en el barrio de Nava --distrito de Sant Andreu de Palomar-- el torrente pasaba junto a una de las hileras de casas. Después bajaba más o menos en paralelo a la calle Navas de Tolosa y, una vez atravesada la avenida Meridiana junto, a la plaza de la Guineu, se llega a nuestro punto de partida, el Torrent de la Guineu, la última de las tres calles que siguen el trazado del torrente y la única que conserva su nombre.

Las casas de la calle Torrent de la Guineu, construidas en la década de 1870

Desde la calle Bofarull apenas se aprecia, pero el callejón se ensancha hacia el fondo, justo donde aparece una hilera de casas construidas en la década de 1870, con los números del 106 al 118. Sí, es que el Torrent de la Guineu es uno de las pocas calles de Barcelona que no empieza en el número 1 o 2 sino directamente en el 106.

Rebuscando entre los antiguos mapas de la ciudad, en el Pla de Barcelona de Josep Maria Serra, de 1890, aparece dibujado el trazado del torrente de la Guineu, que en su tramo superior marcaba la frontera entre los antiguos municipios de Sant Andreu de Palomar i Sant Martí de Provençals. Y al llegar al cruce con la calle de Bofarull, se descubre dibujada una isla de casas en medio de una gran zona sin urbanizar que corresponde a ese callejón sin salida que ha llegado hasta nuestros días.

Aunque aparentemente parezcan aisladas, lo cierto es que están situadas en un lugar ideóneo. Teniendo en cuenta que, en el siglo XIX, uno de los principales requisitos para construir una casa era buscar una fuente de agua, resulta más que probable que los primeros habitantes de este lugar que se instalaron allí, abrieran un pozo para surtirse sin ningún problema, ya que el subsuelo del torrente siempre lleva agua.

Mapa del Pla de Barcelona de Josep Maria Serra, de 1890

Históricamente, el territorio que hoy ocupa el barrio de Navas quedaba repartido entre los vecinos barrios de El Clot y La Sagrera. Como estos dos, hasta el siglo XIX lo que hoy es el barrio de Navas era un terreno agrícola, que pertenecía al municipio de Sant Martí de Provençals, anexionado por Barcelona en 1897. Los cultivos aprovechaban el paso del Rec Comtal, que actualmente discurre bajo la calle de Bofarull. Navas fue un terreno prácticamente despoblado hasta el siglo XX, y los pocos edificios que se levantaban en esos campos eran masías, como Can Sallés, que sumaba 17 hectáreas -en cuyo lugar hoy se encuentran las Casas del Gobernador- Can Forga, junto al torrente de La Guineu -por donde hoy discurre la calle de Navas de Tolosa- y la Torre de Fang, la única que sigue en pie en la actualidad.

Quizá ahora no lo parezca, pero este punto en que el torrente de la Guineu se une con la calle Bofarull es un punto singular. Navas se distingue de los barrios de alrededor por sus islas de casas, que siguen el diseño del Plan Cerdà. Sin embargo, en esa disciplinada cuadrícula urbanística, la calle Bofarull atraviesa todas las islas trazando una diagonal.

No es un capricho urbanístico, su trazado se corresponde con el de un antiguo camino que sale del Portal Nou, en Ciutat Vella, y toma la antigua carretera de Ribes, en el Fort Pienc. Además de la calle Bofarull, siguen también ese mismo trazado las calles Clot, Major de la Sangrera y Gran de Sant Andreu, en dirección a Montcada. Es la huella del Rec Comtal. Esa era la vía de salida de Barcelona hacia el norte y hacia el interior.


Un pasado moldeado con agua y harina

Escrito por barcelonadeaquiparalli 21-04-2016 en Historia. Comentarios (0)

Torre de agua de Sant Andreu

En la esquina de la calle de la Sagrera y la de Ciutat de Elx, en Sant Andreu, sobrevive una vieja construcción de 14 metros de altura que parece una pequeña chimenea, pero no lo es. Se trata de una torre de agua de obra vista que servía para la distribución de agua del Rec Comtal. Junto a ella hay un moderno edificio de viviendas que se levanta desde el 2010 en el terreno sobre el que durante años funcionó la fábrica de estilográficas y bolígrafos Inoxcrom (1966), construida a su vez sobre el solar de la antigua harinera de la Esperanza (1877).

A finales de noviembre del 2005, las máquinas borraron de un plumazo los 136 años de historia de esta fábrica de harina que, en septiembre de 1869, los harineros Antoni Palès Casanovas -propietario del terreno - y Bonaventura Costa Dòria, su hermano Marcel·lí y Joan Vilaró Guardiola encargaron construir en la carretera de Ribes, junto a La Sagrera, al maestro de obras Pau Martorell. La construcción debía tener una altura máxima de 13 metros y recibió el nombre de La Esperanza, por la segunda hija recién nacida de Palès.

Los propietarios acabaron de pagar el 21 de enero de 1871 la edificación, dirigida por el albañil Pedro Falqués Saldoni. Sí, familiar del famoso arquitecto al que deben su diseño las farolas de paseo de Gràcia. Meses después, en abril de 1871, Bonaventura Costa cedió su parte a un experimentado harinero 'martinenc', Jacint Gili Garí, y se constituyó la firma Palès Costa Gili y Cía. Esta asociación hacía posible la inversión necesaria para implantar el llamado sistema austrohúngaro. Este sustituía la mola de piedra por un cilindro de hierro, una fórmula que permitía elaborar una harina de mayor calidad y rendimiento en su producción y que Gili ya estaba experimentando en su fábrica de harina del Poblenou.

En 1878 falleció, a los 51 años, Antoni Palès, el máximo accionista de la sociedad. De manera que el negoció pasó a manos de sus dos

La fábrica de harina La Esperanza

hijos, Antoni y Francesc. En esta nueva etapa se construyeron las nuevas instalaciones, proyectadas por el maestro de obras Antoni Falqués Ros. En 1886, la firma, que contaba entonces con una magnífica fábrica de cuatro plantas, en la calle de la Sagrera, invierte en una serie de viviendas para los operarios de la harinera y se instalan dos calderas de vapor. Pero con el cambio de siglo, los problemas internos y económicos provocaron la escisión del grupo empresarial.

Antoni Palès Arró continuó al frente de La Esperanza hasta 1917, año en que la empresa pasó a llamarse Viuda e hijos de Antonio Palès y se introdujeron una serie de reformas en la fábrica. Y en la década siguiente volvió a cambiar su nombre por el de Hijos de Antonio Palès Arró. Y así sobrevivió hasta que cerró sus puertas en 1964 como consecuencia de la crisis del sector. Tan solo dos años más tarde, sus dependencias fueron alquiladas a Inoxcrom S.A, fundada en 1942 por Manuel Vaqué Ferrandis, que transformó el espacio para adecuarlo a la producción de componentes de estilográficas y artes gráficas.

La propiedad continuó en manos de la familia Palès hasta que a principios del 2000 la vendió a una constructora, la misma que en noviembre del 2005 derribó la instalación. Las máquinas se llevaron por delante todo cuanto encontraron a su paso y en el solar no quedó ni rastro del pasado. Se borraba así una página de la historia del barrio de Sant Andreu y de su patrimonio industrial.

La entrada de la fábrica Nemrod

Al otro lado de la calle de la Sagrera, en el número 44, aún pueden verse dos columnas de piedra de lo que fue la entrada de la fábrica Nemrod, fundada en 1935 como fabricante de juguetes. Aunque al parecer, en 1941, al unirse a la firma los hermanos Vilarubis, se inició la fabricación de máscaras, aletas y fusiles de pesca submarina. Y cuatro años después, en 1945, cuando se registró la marca Nemrod, la empresa empezó a fabricar reguladores de buceo.

En algún foro de buceo, alguno de sus participantes comenta sobre la evolución de la empresa: “A partir de 1949 se empiezan a vender reguladores en Estados Unidos y comienzan los problemas de patente con Cousteau (que perdió la batalla legal de la patente). En 1959 la compañía Seamless Rubber empezó a fabricar en Estados Unidos bajo licencia ("by Seamless"). Entretanto, Metzeler, que casi desde el principio había sido accionista de Nemrod, fue incrementando su participación accionarial hasta llegar a tener el 100% en 1981. A finales de los 80 trasladaron la fábrica a Estados Unidos”.

Es difícil certificar que esta información sea totalmente cierta. Sin embargo, en el Registro Mercantil de Barcelona sí que hay constancia de la existencia de una sociedad denominada Nemrod, S.A., constituida según los documentos, en el año 1965 (posiblemente se trate de la fábrica que tomó el relevo de la primera) y cuyas últimas cuentas publicadas fueron las correspondientes a 1998.

En cualquier caso, de Nemrod solo quedan ya las dos columnas de piedra de la entrada por la que ahora se accede al Circuit Municipal d’Automodelisme Rec-Comtal.