El hábito por la ventana

Escrito por barcelonadeaquiparalli 15-04-2016 en Ciutat Vella. Comentarios (0)

No es más que un pequeña y discreta calle, un afluente que se pierde en ese río de gente que es hoy la calle Comtal; apenas un callejón muy corto, prácticamente el paso cubierto de un edificio de la época medieval separado por una verja del pasaje del Patriarca, la parte trasera del popular restaurante Els 4 gats.

La calle Espolsa-Sacs

Bajo la cubierta semicircular que da cobijo a esta calle, sobre la pared de piedra, una placa revela un nombre que no deja a nadie indiferente: Carrer de l’Espolsa-Sacs. En la pared opuesta, una inscripción de cerámica explica que durante el siglo XV había en esta calle un convento de monjes agustinos, conocidos como los frailes del saco, que vestían un  hábito sin forma parecido a un saco que no podían ni lavar, ni coser, mientras quedase un trozo, y por eso, lo único que podían hacer era sacudirlo por las ventanas que daban a esta calle. De ahí su peculiar nombre.

Los frailes de la Penitencia de Jesucristo (los frailes del saco) se establecieron en la ciudad de Barcelona en un convento situado en el interior de la muralla que se construyó durante el siglo XIII en la plaza de Santa Anna, actualmente Portal de l'Àngel.

La placa de cerámica en la calle Espolsa-Sacs

Los frailes del saco llegaron a la ciudad en 1260, de manera que el lugar era de su propiedad al menos desde el año siguiente, y en los siguientes adquirieron algunas fincas colindantes donde levantaron el convento con los donativos que recibían de los fieles. Los escasos documentos conservados revelan que fue una comunidad amplia, culta y muy cuidadosa con sus asuntos, aunque su corta existencia apenas les permitió establecerse.

En 1271 pidieron dinero en préstamo y dejaron como garantía una serie de libros de su biblioteca, lo que ha permitido conocer la riqueza de esta comunidad religiosa.

En el concilio de Lyon de 1274 se estableció la supresión de esta orden mendicante, aunque no debió tener efectos inmediatos en la ciudad de Barcelona, donde la misma mantenía la esperanza de que la Iglesia reconsiderara su decisión. Así, aún formalizaron alguna compra posterior a esa fecha y en 1277 mantenía una comunidad de ocho miembros. Según lo establecido en el decreto de supresión de Lyon, los bienes de las comunidades de los frailes del saco se liquidarían una vez se extinguiera cada comunidad, ya fuera por el fallecimiento de sus miembros o por la incorporación de estos a otras órdenes monásticas.

Esta situación se mantuvo hasta que en 1293 los cinco últimos frailes del saco firmaron la fusión de su comunidad con la canónica de Santa Eulalia, convirtiéndose en canónigos agustinianos. De acuerdo con esta fusión, la comunidad de Santa Eulalia aprovecharía el nuevo convento de los frailes del saco en la plaza de Santa Ana, adonde se trasladaría, dejando el anterior establecimiento situado en un lugar insalubre y sin condiciones de habitabilidad. Una bula de Bonifacio VIII (1295) autorizó el traslado de los canónigos de Santa Eulàlia y la venta del antiguo convento, hecho que no se hizo efectivo debido a diferencias en la valoración del convento hasta el 28 de septiembre de 1308.

Claustro del monasterio de Montsió

El 1423, las dominicas de San Pedro Mártir (Montsió) se establecieron en este mismo lugar, cuando los canónigos que la ocupaban se fusionaron con Santa Ana y se trasladaron allí, después de su peregrinación anterior por otros tres conventos diferentes. El complejo contaba entonces con una iglesia y claustros góticos de finales del s. XIV.

La calle es corta, pero para quien se decide a recorrerla, aún guarda algún vestigio de otros tiempos que han logrado sobrevivir al tiempo y llegar a nuestros días, como alguna que otra argolla donde se ataban los caballos o alguna vidriera descuidada que adorna alguna de las ventanas viejas y polvorientas.