Barcelona de aquí para allí

Descubre historias, secretos, enigmas y rincones

Síguenos también en @bcn_aquialli

Tres masías para la historia, en Sant Andreu

Escrito por barcelonadeaquiparalli 29-09-2016 en Sant Andreu. Comentarios (0)

Cal Borni, la antigua Torre del Baró y la Torre dels Pardals. Tres masías ya desaparecidas que fueron escenario de capítulos puntuales de la historia y que revelan la importancia de Sant Andreu de Palomar en los hechos históricos ocurridos entre el siglo XVII e inicios del XVIII, y en concreto entre 1640 y 1716. Por una parte, Sant Andreu sufrió los efectos de las revueltas y las diversas guerras que se sucedieron, y por otra, muchos miembros de la población participaron activamente en el devenir de los hechos y en episodios puntuales. Existen testimonios escritos de la presencia de ‘segadors’ y ‘somatens’ de varias comarcas en Sant Andreu durante los hechos de mayo y junio de 1640, del asentamiento de tropas españolas durante el sitio de Barcelona de 1652 y el de tropas francesas en el sitio de Barcelona de 1697.

En mayo de 1704, el grueso del ejército austracista desembarcado en la boca del Besòs se alojó en Sant Andreu, y en Santa Eulàlia de Vilapicina se produjeron algunos choques cuando las tropas borbónicas intentaron romper el cerco sobre Barcelona. Sant Andreu proporcionó contingentes importantes a los somatenes del Vallès que atacaron el ejército de Felipe V a su paso por la Torre del Baró, el cual tomó represalias contra la población andreuenca. En agosto de 1705 los ‘prohoms’ de Sant Andreu juraron lealtad al archiduque Carlos, que acababa de desembarcar, en la masía de Cal Borni. A los pocos meses se invirtió la situación, y Sant Andreu fue ocupado por el ejército borbónico del duque de Noailles que sitiaba Barcelona.

El archiduque Carlos pasó revista al Regimiento de la Real Guardia Catalana en territorio de Sant Andreu en mayo de 1709. Las tropas borbónicas iniciaron un nuevo cerco sobre Barcelona en julio del 1713, y ubicaron uno de sus principales centros de operaciones en Sant Andreu , en la Torre dels Pardals, cerca del Guinardó. En este lugar se establecieron cuarteles, una potente batería de artillería y un punto de observación avanzado para el alto mando francés, el duque de Popoli primero y el duque de Berwick después, ya en la última fase del asedio, el verano de 1714.

Quedémonos con estos tres escenarios: Cal Borni, la antigua Torre del Baró y la Torre dels Pardals. Tres escenarios de episodios históricos puntuales, tres masías de Sant Andreu de las que ya no queda ni rastro, pero que merecen ser recordadas. ¿Por qué fueron las elegidas? ¿Qué papel jugaban entonces? ¿Quiénes eran sus propietarios? ¿Qué ha llegado de ellas a la actualidad?

La antigua Torre del Baró

La antigua Torre del Baró

Los territorios de la antigua Torre del Baró abarcaban la Quadra de Vallbona (actualmente los barrios de Torre Baró, Ciutat Meridianta i Vallbona), situada en uno de los extremos del antiguo término municipal, allí donde acababa el territorio de Barcelona y empezaba el antiguo término del castillo o baronía de los señores de Montcada. Históricamente, el límite había sido el torrete de Tapioles, aunque actualmente está delimitado por el cerro de la Batería. La noticia más antigua de la entonces llamada Casa o Torre de Vallbona data del 1172, en el testamento de Carbonell de Vallbona. En el siglo XIV fue adquirida por  Guillem de Argentona, que en el 1339 tenía problemas por el hecho de que el Rec Comtal cruzar por mitad de sus tierras e hizo variar el curso del Rec sin el consentimiento del rey, quien le obligó en 1361 a devolver el paso del agua por su antiguo curso. Su hijo, Guillem de Argentona, era un caballero y militar que luchó contra el rey de Castilla durante la guerra de los dos Pedros, entre 1361 y 1363. Al finalizar la guerra, se volvió a la casa Vallbona, que se convirtió en su residencia habitual en 1364. Un año después consiguió cercar toda su propiedad y crear una dehesa que dependía del castillo de Montcada, a pesar de que parroquialmente pertenecía a Sant Andreu de Palomar.  Posteriormente, la propiedad pasó a manos de la familia de los barones de Pinós, que en el siglo XVI construyeron una torre rural en aquel terreno. De ahí que pasara a ser conocida como la Torre del Baró.

Pero esta edificación no es la que se encuentra actualmente ne la montaña ni tampoco la que muchos ‘andreuencs’ recuerdan y que fue derribada en 1967, con la puesta en marcha de la Meridiana. La antigua Torre del Baró estaba situada muy cerca de la nueva torre, en el camino de la torre nueva a la fuente del Mugueral, cerca del torrente de Tapioles.

La vieja torre no aguantó ni dos siglos en pie. El barón de Pinós fue uno de los defensores de la ciudad de Barcelona durante el sitio del 1714. Durante ese periodo, bajo las órdenes de Felipe V, se ordenó quemar la Quadra de Vallbona y destruir la casa propiedad del barón rebelde.

En el censo de 1716 contaba con unos 600 habitantes. Su población se distribuía de manera dispersa por un extenso territorio entre el núcleo principal, en torno a la parroquia de Sant Andreu, otro secundario cercano a la iglesia de Santa Eulàlia de Vilapicina, y numerosas masías diseminadas. Con la organización política local, impuesta por el Decret de Nova Planta (1716), Sant Andreu tuvo ayuntamiento propio, segregado de la administración de Barcelona. Al caer Barcelona, el barón de Pinós huyó y Joan de Sarriera Rocabertí, el conde de Solterra, aliado de Felipe V, se quedó todo el territorio en propiedad sin la torre, que quedó totalmente destruida y de la que se conservaron algunos restos hasta después de la Guerra Civil (1936-1939).

Cal Borni

En el númCal Borni a principios del siglo XX.ero dos de la calle Gran de Sant Andreu, un coro de voces infantiles se une al trasiego diario de los coches, la gente que va y viene. Es la banda sonora de la escuela Turó Blau, conocida con este nombre desde 1982, fundada en 1940 como Escuela Municipal de Formación Doméstica Teresa de Jesús. Ni una pista, ni una placa, nada en ese lugar queda ya de la masía que se levantaba sobre ese mismo solar y que vivió algún que otro importante momento histórico: Cal Borni. Cuenta la leyenda que el origen de su nombre está en su propietario, que durante una fiesta con fuegos artificiales se quedó tuerto (borni, en catalán) tras caerle un cohete en el ojo.

Actualmente, quizá no lo parezca, pero Cal Borni estaba situada en un punto estratégico: justo donde empezaban las tierras municipales de Sant Andreu, entre el Camí Reial --actualmente, la calle Gran de Sant Andreu-- y el cruce con la Riera de Horta, lo que hoy conocemos como la calle  Pare Manyanet.

Esta riera era el límite oriental del territorio de Barcelona; el occidental lo marcaba la riera de Sants (la Riera Blanca).  Pedro el Grande, en el 1284, decretó estos límites como zona exenta de pago de diezmos y primicias de los frutos cosechados. La riera de Horta, además, al ser el límite del espacio constituido como territorio barcelonés, fue uno de los lugares escogidos por los consejeros y los gobernadores locales de Barcelona para recibir a las autoridades destacadas que acudían a la ciudad, y desde aquí partían luego en comitiva hacia la capital. Protocolos al margen, la riera también servía de barrera epidemiológica; es decir, cuando se sabía que había peste en Barcelona, no se dejaba pasar a nadie y la población de Sant Andreu quedaba protegida.

En el libro ‘Les masies de Sant Andreu de Palomar. Inventari de cases de pagès andreuenques’ (Llop Roig, 2014) descriu així la masia: “La casa, de planta cuadrada, tenía planta baja, un piso y buhardilla. En el techo tenía un pequeño torreón. El tejado era a cuatro aguas desde el torreón y con teja árabe. Hacia el siglo XIX se le hizo un balcón en la esquina entre la calle Grande Sant Andreu y la Riera d’Horta. En la misma esquina, en la primera planta sobre el balcón, tenía una hornacina con la Virgen María y el Niño Jesús. La parcela, además de la casa, contaba con un gran jardín que iba desde la casa hasta la calle Sant Sebastià en el que incluso había un estanque con barcas”.

Cal Borni era la primera casa del pueblo entrando por Sant Martí de Provençals, por ello también sirvió durante mucho tiempo como casa de ‘burots’, una especie de aduana, ya que la gente que transportaba mercancías en los carros y caballos primero –luego llegarían los automóviles-- tenía que pagar unos impuestos.

Los primeros propietarios documentados fueron la familia Umbert, grandes terratenientes en Alella, que adquirieron la finca durante la Guerra dels Segadors ( 1640-1656). Gabriel Umbert murió hacia 1658 y dejó la casa a su hijo Jaume, propietario hasta que murió en 1685. La saga continuó con su hijo, que también se llamaba Jaume y que murió hacia el 1700, y su hermano Gabriel fue el admnistrador hasta que su sobrino Jaume alcanzó la mayoría de edad.

Durante la Guerra de Sucesión (1702-1714), el mismo archiduque Carlos III, en el 1709, utilizó Can Borni como cuartel general de su plana mayor. E incluso su esposa, Elisabet Cristina de Brunswick, se alojó en ella durante unos días, así como otras personalidades durante los siglos XVIII y XIX.

Pero a mitad del siglo XVIII las deudas empezaron a acumularse y Jaume Umbert vendió la casa, que pasó a manos de Anton Batista, conocido como Anton Borni, de ahí el hombre de la casa. La familia Batista era muy respetada y considerada una referencia en el pueblo. Durante la Guerra del Francés (1808-1814) el comandante que controlaba el acceso al pueblo se instaló en la casa y, durante el conflico, la única persona que pudo pagar la exención de quintas para no ir a la guerra fue Miquel Batista, uno de los hijos de Anton Borni. En diciembre de 1835 unos ladrones entraron a robar en la casa y asesinaron a Anton Batista.

Engràcia Batista Planas, la última heredera de los Batista, murió el 16 de noviembre de 1891, y dejó gran parte de sus propiedades a la parroquia de Sant Andreu, aunque la casa aún segúa en manos de su familia, primero de su marido, Josep Bogunyà Vila, como usufructuario de sus bienes, y después de sus herederos.

Al llegar el siglo XX la casa empezó a entrar en decadencia. Antes de empezar la Guerra Civil (1936-1939), el Ayuntamiento –Sant Andreu se anexionó a Barcelona en 1897—decidió construir en ese terreno un hospital. Para ello, como se trataba de una casa señorial, fue desmontada piedra a piedra y almacenada en algún lugar de Barcelona para poder reconstruirla en otro lugar de la ciudad.

En el solar se empezó a construir un edificio destinado a hospital, pero el edificio aún estaba por terminar cuando la guerra se acabó y el proyecto de hospital se paró. Entonces, los propietarios iniciaron los trámites con el Ayuntamiento para vender los terrenos de la casa y, una vez adquiridos por el municipio, se decidió construir una escuela En el solar se empezó a construir un edificio destinado a hospital, pero el edificio aún estaba por terminar cuando la guerra se acabó y el proyecto de hospital se paró. Entonces, el Ayuntamiento compró el terreno y decidió construir un colegio. Así, en 1940 entró en funcionamiento la Escuela de Formación Doméstica Teresa de Jesús, inaugurada oficialmente el 17 de julio de 1941 y destinada a formar las niñas de 5 a 12 años para llevar un hogar y educar a sus hijos, además de formarlas en la enseñanza primaria y en el adoctrinamiento religioso. A lo largo de los años, la escuela sufrió diversos cambios pedagógicos, aunque quizá la fecha que marcó una inflexión en su transformación fue el curso 1979-80, cuando se implantó la coeducación. En 1982, el claustro pidió el cambio de nombre y pasó a llamarse Turó Blau, en referencia al último cerro de las montañas de Moncada que marcaba el límite del pueblo de Sant Andreu y donde, además, nace la riera de Horta, que antiguamente pasaba por delante de la escuela.

La Torre dels Pardals o Mas Roig

La Torre dels PardalsDe ella no queda más que su recuerdo en el nomenclátor de la ciudad, gracias a la calle homónima que va desde la calle Muntanya hasta la calle Amílcar, y un poema escrito por Magí Valls Martí (18885-1970), hijo de Josep Maria Valls Vicens, uno de sus propietarios, con motivo de su derribo en 1963. Sobre el solar que acoge desde esa fecha un enorme edificio esquinero de seis plantas se levantaba la Torre dels Pardals.

El hecho de haber desaparecido no puede borrar el mérito de ser lo que fue: una de las masías con más historia del Guinardó. Era un edificio de fuertes muros con una torre alta a un lado que le conferían casi el carácter de castillo. “La masía ocupaba un solar de forma cuadricular de 4 áreas y 35 centiáreas, según consta en la ecritura de propiedad. La casa constaba de planta baja, un piso principal y buhardilla, y destacaba una torre que la caracterizaba. Delante tenía un patio una era de 28 áreas y 66 centiáreas. La finca de la Torre dels Pardals incluía otra masía llamada Can Xica o Can Bartra” (‘Les masies de Sant Andreu de Palomar. Inventari de cases de pagès andreuenques’. LLop Roig, 2014)

Al menos así quedó tras su restauración a cargo del arquitecto Josep Rubió  Bellver, que la transformó en una villa modernista, por encargo de José Roig, un rico harinero de Reus que la compró en 1915. Con la reforma “la casa mantuvo su planta rectangular original pero se amplió. La buhardilla pasó a ser una segund planta y la cubierta se convirtió en plana transitable con una barandilla balaustrada. A la torre se le añadió una planta más y se coronó con una cubierta a cuatro aguas. Las aperturas, tanto de la torre como del resto de la casa, se multiplicaron y se añadieron miradores. El interior de la casa también fue decorado con acabados suntuosos, exquisitos artesonados y excelentes trabajos de ebanistería. La salida de la casa se convirtió en un magnífico patio de reminiscencias clásicas, con parterres. Todo el patio estaba delimitado por una original valla modernista”.

Antes de José Roig y su reforma, la casa perteneció a Josep M. Valls Vicens, un banquero de Barcelona que la adquirió a finales del siglo XIX. Pero los orígenes se remontan aquellos restos de termas romanas que se encontraron durante una reforma del siglo XVIII. La construcción del gran casalón es en realidad del siglo XV, aunque se cree que este se edificó sobre otra construcción ya derribada en el siglo XIV y que, según un documento de 1389, pertenecía a la familia Bernat Gassó.

Sea como fuere, la masía jugó un papel destacado en diversas épocas históricas, como en las guerras del siglo XVI. Más tarde, durante la lucha de 1714 contra Felipe V, en la Guerra de Sucesión, fue sitiada durante muchas batallas. Destaca la batalla del 8 de abril de 1714, a las puertas del edificio. Se dice que el mismo archiduque de Austria, durante una visita por la zona se alojó en ella. Posteriormente, también fue testimonio de las guerrillas durante la invasión napoleónica de 1808.

A mediados del siglo XIX, la finca de la Torre era propiedad del Estado español, tras serle expropiada al Seminario Conciliar de Vic.  Miquel Roldós Serrat se convirtió en su propietario al pujar por ella en una subasta celebrada el 29 de abril de 1871, aunque en junio de aquel mismo año y sin haber pagado ni el primer plazo, se declaró en quiebra. La había comprado por 207.001 pesetas de la época y la vendió por 500 a Tomàs Fàbregas Boquet en 1876. Tras su muerte, pasó a sus hijos, Rosendo y Joan Fàbregas Alier. Y de ellos, en 1893, al doctor en Medicina Josep Ricart Gila, que se la vendió en 1897 al terrateniente de Sant Martí de Provençals Pere Borràs Suñol. Y poco después, la compró Josep Maria Valls, que la restauró la casa sin que perdiera el estilo de masía, al que puso fin su siguiente propietario, Joan Roig, como se explica más arriba.

Durante la República, la casa se convirtió en la Escola de la Natura. Y en ella también vivió el presidente de las Corts de la República, Diego Martínez Barrio, cuando el gobierno se trasladó de Valencia a Barcelona, de octubre de 1937 a enero de 1939, cuando se vio obligado a huir a Francia debido a la entrada de los nacionales en Barcelona. Eso punto y seguido a la historia de la Torre dels Pardals. El punto y final lo pondría su derribo en 1963.


Una isla de casas del XIX bendecida por el agua

Escrito por barcelonadeaquiparalli 18-09-2016 en Historia. Comentarios (0)

Pasa desapercibida. A simple vista, la calle Torrent de la Guineu no es más que un callejón sin salida que desemboca en la calle Bofarull, a la altura de la plaza de Islàndia, en el barrio de Navas. El origen de su nombre está en el torrente que nacía en el parque del Guinardó, en la Font del Cuento. Allí brotaba el agua que, tras girar primero hacia el norte para sortear el pequeño cerro del Puig del Cogol seguía su descenso en busca del mar. Solo tres calles de las que seguían el trazado del antiguo torrente se han conservado hasta nuestros días.

De su recorrido por el Guinardó queda la calle Agregació. En el pasaje Artemis, por debajo de la plaza Maragall, ya en el barrio de Nava --distrito de Sant Andreu de Palomar-- el torrente pasaba junto a una de las hileras de casas. Después bajaba más o menos en paralelo a la calle Navas de Tolosa y, una vez atravesada la avenida Meridiana junto, a la plaza de la Guineu, se llega a nuestro punto de partida, el Torrent de la Guineu, la última de las tres calles que siguen el trazado del torrente y la única que conserva su nombre.

Las casas de la calle Torrent de la Guineu, construidas en la década de 1870

Desde la calle Bofarull apenas se aprecia, pero el callejón se ensancha hacia el fondo, justo donde aparece una hilera de casas construidas en la década de 1870, con los números del 106 al 118. Sí, es que el Torrent de la Guineu es uno de las pocas calles de Barcelona que no empieza en el número 1 o 2 sino directamente en el 106.

Rebuscando entre los antiguos mapas de la ciudad, en el Pla de Barcelona de Josep Maria Serra, de 1890, aparece dibujado el trazado del torrente de la Guineu, que en su tramo superior marcaba la frontera entre los antiguos municipios de Sant Andreu de Palomar i Sant Martí de Provençals. Y al llegar al cruce con la calle de Bofarull, se descubre dibujada una isla de casas en medio de una gran zona sin urbanizar que corresponde a ese callejón sin salida que ha llegado hasta nuestros días.

Aunque aparentemente parezcan aisladas, lo cierto es que están situadas en un lugar ideóneo. Teniendo en cuenta que, en el siglo XIX, uno de los principales requisitos para construir una casa era buscar una fuente de agua, resulta más que probable que los primeros habitantes de este lugar que se instalaron allí, abrieran un pozo para surtirse sin ningún problema, ya que el subsuelo del torrente siempre lleva agua.

Mapa del Pla de Barcelona de Josep Maria Serra, de 1890

Históricamente, el territorio que hoy ocupa el barrio de Navas quedaba repartido entre los vecinos barrios de El Clot y La Sagrera. Como estos dos, hasta el siglo XIX lo que hoy es el barrio de Navas era un terreno agrícola, que pertenecía al municipio de Sant Martí de Provençals, anexionado por Barcelona en 1897. Los cultivos aprovechaban el paso del Rec Comtal, que actualmente discurre bajo la calle de Bofarull. Navas fue un terreno prácticamente despoblado hasta el siglo XX, y los pocos edificios que se levantaban en esos campos eran masías, como Can Sallés, que sumaba 17 hectáreas -en cuyo lugar hoy se encuentran las Casas del Gobernador- Can Forga, junto al torrente de La Guineu -por donde hoy discurre la calle de Navas de Tolosa- y la Torre de Fang, la única que sigue en pie en la actualidad.

Quizá ahora no lo parezca, pero este punto en que el torrente de la Guineu se une con la calle Bofarull es un punto singular. Navas se distingue de los barrios de alrededor por sus islas de casas, que siguen el diseño del Plan Cerdà. Sin embargo, en esa disciplinada cuadrícula urbanística, la calle Bofarull atraviesa todas las islas trazando una diagonal.

No es un capricho urbanístico, su trazado se corresponde con el de un antiguo camino que sale del Portal Nou, en Ciutat Vella, y toma la antigua carretera de Ribes, en el Fort Pienc. Además de la calle Bofarull, siguen también ese mismo trazado las calles Clot, Major de la Sangrera y Gran de Sant Andreu, en dirección a Montcada. Es la huella del Rec Comtal. Esa era la vía de salida de Barcelona hacia el norte y hacia el interior.