Un refugio entre pupitres y fusiles Máuser

Escrito por barcelonadeaquiparalli 14-12-2016 en Sarrià-Sant Gervasi. Comentarios (0)

A simple vista no es más que una portezuela, por la que apenas entraría una persona en cuclillas, en la pared de una ducha del vestuario de chicas en la escuela de FP Salesians de Sarrià (paseo Sant Joan Bosco, 42). Aparentemente, una de esas aberturas en la pared protegidas por esas soluciones de carpintería tras las que uno espera encontrar un cuadro de mandos, una llave de paso o vete a saber qué obra maestra del ‘gotelé’, pero nunca como en este caso un pasadizo de ida y vuelta a través del tiempo. Al tirar del picaporte, una gruta estrecha da la bienvenida al visitante y le invita a internarse en la más absoluta oscuridad; aventurarse supone dejar atrás el presente para, algunos metros más allá, retroceder en el tiempo unos 80 años, hasta 1938, y encontrarse al abrigo de la tenue y temblorosa luz de unas bombillas, en un refugio antiaéreo, rodeado de cientos de personas y en busca de un lugar seguro donde guarecerse en una Barcelona en llamas, con el ensordecedor ruido de los motores de la aviación fascista italiana como banda sonora sobrevolando la ciudad y dejando a su paso una lluvia de bombas.


Sí, de acuerdo, hace falta echarle un poco de imaginación, pero el escenario del refugio es real, existe. Fue construido con hormigón armado, tenía (y tiene) una superficie total de 417,96 metros cuadrados y estaba preparado para albergar a cientos de personas incluso si se llegaba a producir una emergencia de larga duración. Para ello, contaba con dos baños, dos salas de almacenaje y hasta un total de cuatro pasillos. Su existencia estaba documentada, aunque lo único que se tenía de la época eran los planos y tres imágenes tomadas durante su construcción y recuperadas del archivo privado de Montserrat Tarradellas Macià.

Vista general de la construcción del refugio.

Casi 80 años después de que se utilizara por última vez, el pasado julio, un equipo especializado accedió por fin a su interior y pudo obtener las primeras imágenes del hallazgo, una pequeña joya con la que el tiempo no se ha ensañado y que se ha conservado en unas condiciones óptimas.

Y así fue como, de repente, en los vestuarios femeninos, se abrió una puerta de acceso provisional al refugio que, de momento, no está abierto al público. Una puerta que no es más que la culminación material de otra, de mayor carga simbólica e histórica, que han abierto en el tiempo tres estudiantes de Bachillerato de esta misma escuela –Miquel Conesa, Bernat Bayer y Víctor Busquets, bajo la supervisión de la tutora Lurdes Nieto- a golpe de investigación, metodología y tesón invertido en un trabajo de recerca titulado ‘Les indústries de guerra a Catalunya (1936-1939). La F-14: la fàbrica dels Salesians’. Un trabajo que les ha valido el tercer premio del EUSTORY, concurso de historia para jóvenes de España, Portugal y Latinoamérica, y con el que por fin han sacado a la luz algo más que un refugio antiaéreo: un periodo de la historia de esa institución educativa de la que ellos mismos forman parte y de la que tan poco se había investigado ni escrito hasta ahora. La historia estaba ahí, esperando, y ellos la han contado.

Porque, más allá del interés que pueda generar el hallazgo del refugio en sí, están los interrogantes que giran en torno a él: ¿qué llevó a su construcción? El colegio salesiano se fundó en 1884, con la llegada de la congregación religiosa y fue la primera casa salesiana en Catalunya. Bajo el nombre de Talleres Salesianos y siguiendo los preceptos del fundador de la orden, Don Bosco, tenía como objetivo impartir una educación elemental para todos, y en especial para los hijos de obreros, pero con el tiempo amplió sus especialidades educativas hasta convertirse en una casa de oficios donde se impartía tipografía, imprenta, mecánica, ebanistería... ¿Por qué construir un refugio en el edificio de una escuela? ¿Quiénes lo utilizaron? Claro está, es un secreto a voces que la escuela albergó entre 1937 y 1939 la F-14, especializada en armamento. Pero ¿cómo un centro educativo llegó a convertirse en fábrica de armas? Y es ahí, donde empieza esta historia.

Tres operarios cargan bombas en un camión.

La Guerra Civil puso un punto y seguido en la historia educativa de la escuela, centro de referencia ya entonces en el campo de la formación profesional. Al estallar el conflicto y tras el fracaso del golpe militar en Catalunya, el 21 de julio de 1936, Josep Escofet Andreu, ‘conseller’ de Esquerra Republicana en el Ayuntamiento de Barcelona y varios representantes de la Generalitat se presentaron en la escuela salesiana con una orden de la Generalitat para confiscar el edificio. Una medida que resultó ser la salvación para la escuela, que evitó de esta manera ser pasto de las acciones destructivas de los milicianos incontrolados que patrullaban la ciudad. Claro que, al mismo tiempo, supuso la expulsión de la comunidad religiosa que la habitaba.

Durante meses, las dependencias de la escuela sirvieron de refugio para niños republicanos (mallorquines, vascos y madrileños, principalmente) así como residencia para algunos de los atletas de la Olimpiada Popular que tenía que celebrarse en Barcelona y que fue suspendida debido al conflicto bélico. Una parte del edificio sirvió también como caserna de la Guardia de Asalto y entre los talleres, en el de imprenta se llegaron a editar publicaciones republicanas, y el de mecánica se reconvirtió para la producción de material bélico.

Operación de calibrado del fusil Máuser.

Un uso, este último, de gran importancia para el futuro inmediato del edificio ya que, con la creación de la Comisión de Industrias de Guerra (CIG) en agosto de 1936, la escuela de los Salesians se utilizó como almacén. Y, tras la construcción de nuevas naves a partir de principios de 1937, la escuela pasó a dedicarse íntegramente a la producción de armas, especializada en el fusil Máuser, del que fue el principal productor.

Y así fue como en poco tiempo se convirtió en la F-14, la fábrica número 14, que llegó a emplear a unas 279 personas. Ese mismo año, ya pleno conflicto y ante el riesgo de convertirse en blanco estratégico de los bombardeos por su especialización, los mismos trabajadores solicitaron la construcción de un refugio antiaéreo para protegerse.

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En agosto de 1938, la F-14 pasó a manos del Estado y entró en decadencia, hasta que con la caída de Barcelona el 26 de enero de 1939, los soldados republicanos en retirada dinamitaron los talleres de la fábrica para evitar que el material cayera en manos de las tropas franquistas. La evolución del conflicto y los reiterados ataques hicieron el resto en la destrucción definitiva de la escuela reconvertida en la F-14, de la que solo se conservó el edificio más antiguo (actualmente reservado a Bachillerato) y la iglesia, obra Enric Sagnier. Y, por supuesto, ese testimonio de cemento armado bastante bien conservado que, después de casi 80 años de discreción y silencio, pide a gritos que ese periodo oscuro de la historia de la institución no caiga en olvido.


Fotos: Arxiu Montserrat Tarradellas Macià