Barcelona de aquí para allí

Sant Martí

Una vía entre molinos de Sant Andreu al Clot

Escrito por barcelonadeaquiparalli 22-10-2016 en Sant Martí. Comentarios (0)

Entrada de la calle Arc de Sant SeverEn la manzana que forman las calles Mallorca, Rogent, Sibelius y Valencia hay algo extraño. Una casa de planta y piso, con un pequeño jardín delantero situada en esta última vía principal, rompe la uniformidad total de esa isla rectangular formada por edificios de cinco o más pisos. Superada la verja que delimita su terreno en la fachada que da a València, se abre una brecha: un callejón sin salida estrecho y oscuro, la calle Arc de Sant Sever.

Salta a la vista que tanto esta casa deshabitada está desubicada, como si no perteneciera a la calle Valencia, con la que su fachada ni siquiera está alineada. Y no es extraño porque, efectivamente, cuando se construyó no formaba parte de esta vía, sino de un camino rural con un trazado muy diferente y con el que el azar o, mejor dicho, la evolución urbanística de la ciudad, lo llevó a coincidir, o casi, en este punto exacto.

Placa antigua de la calle Arc de Sant Sever


El camino original sobre el que estaba situada esta casa, conlidante a la calle Arc de Sant Martí es, cuando menos de origen medieval, aunque Magí Travesset lo menciona al hacer referencia a las vías romanas, al final de su artículo Estudi de la xarxa viària de tradició romana al Pla de Barcelona, eso sí, dejando claro que no se ha encontrado ningún indicio documental sobre su origen romano.

Casa centenaria a la entrada de la calle Arc de Sant Sever


Su nombre más antiguo corresponde al de Via Molinaria, el camino de los molinos, y su historia va muy ligada a la del Rec Comtal, construido a principios del siglo XI por orden de los condes de Barcelona y que seguía el trazado del antiguo acueducto romano que había llevado el agua del Besòs a Barcelona hasta, al menos, el siglo V.

Sí, hubo un tiempo lejano en que los molinos formaban parte del paisaje de la ciudad y se extendían a lo largo del Rec, desde Sant Andreu hasta el Clot (uno de los núcleos harineros más importantes a partir del siglo XIV), el último lugar donde se podían ver antes de entrar en la ciudad amurallada. La Via Molinaria seguía el trazado del Rec, unas veces a cierta distancia, a unos cientos de metros, y otros, a la orilla.

Dieciséis molinos

Para hacerse una idea de la infraestructura molinera del Rec, habría que remontarse a la primera mitad del siglo XII, según explica Enrich H. March en su libro El Rec Comtal. 1.000 anys d’història (Viena Edicions, 2016), con un conjunto de dieciséis mollinos agrupados en cinco casals. “Els primers molins eren uns casals en la part superior dels quals hi havia les moles o rodes de pedra, estriades a la cara de moldre i amb un forat al mig per on queia la farina, quer era recollida en dipòsits o sacs. A la part inferior o carcau hi havia el rodet que s’unia a la roda sobirana. El mecanismo era mogut per la força de l’aiga, que es prenia d’un riu a través d’una reclosa –que podía ser una paret o pedres amuntegades--, la qual permetia alçarel nivel de l’aigua i derivar-la fora del seu llit cap a un rec que la conduïa al molí. Una comporta permetia obrir o tancar l’entrada d’aigua, i una barra de ferror servia per fer pujar o baixar el banc, de manera que la mola rodés més de pressa o més lentament […].  En el segle XIII els casals ja es construïen amb pedra ben tallada, les moles es protegien amb una nau coberta amb arcades i el moliner acostumava a viure amb la seva familia en el mateix edifici, sobre la nau”, describe Enrich H. March.

Mapa con la situación de los molinos del Rec Comtal. Font: El Rec Comtal (Eneric H. March. Viena Edicions, 2016)

El caso es que, hacia finales del siglo XI los documentos ya mencionan los molinos por el nombre del casal al que pertenecían. Y ya en aquella época se mencionaban los del Clot, los d’en Soler y los Molins de la Mar. “Cada casal podía tenir més d’un molí, i entenem per molí cada una de les moles o rodes de moldre, tot i que sovint es trova el terme molins com a sinònim de casal”, señala Enric H. March.

El molino de Montcada, situado entre las calles Molí, Reixagó y la Masia de Montcada i Reixac, sobrevivió hasta la década de 1950. En el barrio de Vallbona, en 1966, aún se podía ver una mola volandera del molino de Guillem d’Argentona. Los molinos de Sant Andreu, todos de harina y construidos entre 1280 y 1287, estaban ubicados en el solar de la calle Fernando Pessoa, 6-16, y son los únicos de los que se conservan restos en este yacimiento. Los últimos restos de los molinos Jussà o de Dalt y Sobirà o de Baix, todos en el Clot, desaparecieron en 1973. El edificio del molino de Baix, activo hasta 1936, subsistió como cine en la calle de la Sèquia Comtal hasta 1941.

Del resto de molinos que se extendían a lo largo del recorrido del Rec hasta llegar al Portal Nou no se ha encontrado, hasta el momento, ningún resto arqueológico. Pero entre ellos se contaban los Molins Nous (el del Comendador, el de Cordelles, el del Dormidor y otros dos de la Pólvora), ubicados en la confluencia de la riera de Malla y el camino de Horta. En la esquina del paseo de Lluís de Companys con la calle Comerç se encontraba el molino del Portal Nou. Y, una vez dentro de lo que fue la Barcelona amurallada, se encontraban los molinos de Sant Pere (en la actual plaza de las Basses de Sant Pere), el de la Sal (en el cruce de la calle Princesa con la plaza de La Puntual). De los molinos de la Mar no queda ni rastro, ni siquiera se intuyen en el trazado urbano actual.

Un pasado entre las calles

Ante la falta de restos arqueológicos de los diferentes molinos, las huellas de aquella Via Molinera sobre el territorio de Barcelona más evidentes han llegado a nuestros días en forma de calles: Enamorats, Bofarull y Ciutat d’Elx. Estas tres calles tenían continuidad, eran un mismo camino ininterrumpido, en el plano de la ciudad antes de la urbanización que fragmentó el camino original y cambió los nombres según los barrios que atravesaba, Poblet, Clot, Navas y Sagrera, respectivamente.

Uno de los tramos recibió el nombre de camino de los Enamorados --sobre el que se trazó la actual calle de los Enamorats—, que conducía de Sant Martí a Barcelona por el coll de la Celada y llamado así por el torrente del mismo nombre que atravesaba el camino, y que hacía de frontera entre Sant Martí y los municipios de Gràcia y Barcelona.

Calle Rogent en dirección a Clot

Calle Sibelius. A la derecha, el Antic de Bofarull

El camino de los Enamorados llegaba hasta el torrente del Bogatell –actualmente, la calle Rogent—y hacía de frontera natural entre el Clot y el Camp de l’Arpa. Y a partir de quí se convertía en el camino de Sant Sever hasta la actual avenida Meridiana. De ese tramo, diluido totalmente la calle València ha llegado hasta nuestros días el callejón del Arc de Sant Sever, un antiguo paso de carruajes entre Rogent y Sibelius que toma su nombre de la capilla de Sant Sever.

Calle Antic de Bofarull, de Sibelius a la plaza del Doctor Serra

Calle Bofarull, entrando por Navas de Tolosa

A partir de la calle Sibelius, cerca de donde estaba el molino Sobirà del Clot, la Via Molinaria cambiaba su nombre por el de camino de Bofarull, que en la actualidad se correspondería en el primer tramo con la calle Antic de Bofarull y, tras perderse unos cientos de metros en el trazado de la Meridiana, reaparece como Bofarull a partir de Navas de Tolosa y hasta Felip II, y vuelve al trazado urbano desde la calle Honduras, convertido en Ciutat d’Elx, hasta la calle de la Sagrera, donde se encuentra la torre de agua y el punto donde se pierde cualquier rastro de la Via Molinaria.


Un falso héroe layetano en el Besòs

Escrito por barcelonadeaquiparalli 15-10-2016 en Sant Martí. Comentarios (0)

En la encrucijada entre la Rambla Prim (poniente), la avenida de Alfonso el Magnánimo (levante), la calle Cristóbal de Moura (al norte) y la de Ferrer Bassa (al sur) se levanta un discreto monumento - una roca caliza con elementos metálicos incrustados- que, según la inscripción colocada en el suelo, está dedicado a Theolongo Bacchio, quien también da nombre al enclave convertido en plaza. Y os preguntaréis: ¿quién es este personaje para merecer este doble homenaje, monumento y plaza?

No, no lo busquéis en la enciclopedia ni os molestéis en preguntar a los historiadores. Theolongo Bacchio no es nadie, aunque según algunas fuentes, fue el jefe de los layetanos, aliado de Roma, que supuestamente derrotó al cartaginés Amílcar Barca en una batalla en el siglo III antes de Cristo en el territorio que hoy conocemos como Blanes. Pero no, no os dejéis engañar con historias de héroes porque Theolongo Bacchio nunca existió.

Florián de Ocampo, cronista castellano del siglo XVI, fue el introductor de este personaje en la historiografía al narrar las hazañas de este caudillo en su Crónica general de España. Y posteriormente, otros autores como Pere Antoni Beuter (Primera parte de la Historia de Valencia, 1538), Esteban de Garibay (Compendio historial de las chrónicas y universal historia de todos los reinos de España, 1571) y el mismo Antoni Bori y Fontestà en su Historia de Cataluña, publicada el siglo XIX, lo dieron como fuente fiable. Sin embargo, no es justo responsabilizar totalmente de esta mentira a Ocampo, ya que él señaló en su día como fuente un texto epigráfico recogido en la obra de Ciriaco Pizzicolli de Ancona, célebre viajero y buscador de antigüedades del siglo XV.

En cualquier caso, y al margen de quién echó a rodar su historia, si el personaje y sus hazañas son mentira, ¿por qué hay un monumento dedicado a él en el corazón del barrio del Besòs? Todo comenzó en 1960, cuando el entonces llamado Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona empezó a construir el barrio del Besòs. Las carencias de la nueva barriada eran muchas, desde su planificación urbanística hasta los servicios. En ese momento, la única entidad social del barrio era la Asociación de Cabezas de Familia, dominada en buena parte por los falangistas y adictos al régimen. Esta asociación pensó refundar nominalmente el barrio y, en este sentido, pensó en levantar un monumento para acompañar este proyecto y ver si de esta manera el Ayuntamiento no se olvidaba de las necesidades del barrio. "Para el nombre del barrio se propuso San José, que reunía varias virtudes aparte de las religiosas: podía representar a san José Artesano, a José Antonio Primo de Rivera o José María de Porcioles. Ocurre que la realidad suele ser muy tozuda y los nombres artificiales tienen poco futuro. Total, que prevaleció el de Besòs y todo quedó en agua de borrajas. Entonces se debatió la idea del monumento, y se barajaron dedicaciones diversas: al ya citado alcalde Porcioles, a Carmen Polo de Franco –la mujer del dictador–o al ama de casa”, explicaba Josep M. Huerta Clavería en un artículo titulado El monumento el héroe que no existió y publicado en La Vanguardia el 20 de mayo del 2002.

Pero el ponente de Cultura de la asociación, Joan Fontanillas, un técnico de Macosa, la gran fábrica sobre los terrenos de la cual se levanta ahora Diagonal Mar, buscaba algo más histórico, menos ligado a la política del momento. Y he aquí que un día, localizó en los encants del mercado de Sant Antoni un libro de Antoni Bori Fontestà donde descubrió el personaje de Theolongo Bacchio. El libro en cuestión del maestro catalanista del siglo XIX no era otro que Historia de Cataluña (1898), donde se puede leer: " Al paso por Cataluña hallaron algunas tropas de Aníbal corta resistencia en los layetanos e indígetas capitaneados por Telongo Bacchio, quien, habiendo contraído estrecha alianza con Escipión, mereció que éste le erigiese un monumento en Blanes”. Sin pararse a pensarlo, Fontanillas escribió una carta al Ayuntamiento de Blanes que recibió una escéptica respuesta en torno al episodio en febrero de 1968: allí no quedaba nada del hipotético monumento, aunque sí había una calle dedicada al jefe layetano.

Pero Fontanillas no se rindió y sin consultar a la asociación pidió permiso al Patronato Municipal de la Vivienda para colocar un monumento dedicado a este héroe. Mientras tanto, puso en marcha su cruzada particular: divulgó la historia del personaje, cada vez más adornada en las escuelas del barrio e hizo, incluso, que se aprendieran un guion sobre ella los miembros de un cuadro escénico, que se volcó en representar la vida y milagros del caudillo layetano. Cuando los del Patronato pidieron pruebas, Fontanillas se presentó con sus actores, que recitaron en latín fragmentos de Tito Livio.

El esfuerzo dio resultados. La consejería del distrito otorgó 8.000 pesetas de la época para levantar un monumento sencillo -el dinero no daban para hacer milagros- que Fontanillas, por su cuenta completó. "En la escuela de aprendices de Macosa recorté con un oxígrafo la cabeza de Bacchio y pusimos en una plaza del Besòs dos rocas, la cabeza recortada y la placa de mármol de Blanes. Pero a última hora añadí otra placa [de espaldas a la autoridad competente], de metal en este caso, en la que se informaba en catalán de que el monumento había sido realizada en la escuela de aprendices de Macosa", evocaba Fontanillas en dicho artículo de Huertas publicado en La Vanguardia. Por su parte, la Asociación de Cabezas de Familia, reconvertida mientras duró el proceso en asociación de vecinos dio por válida la operación y se sumó a Fontellas pidiendo el ajardinamiento del lugar elegido para poner el monumento, que entonces no era más que un terreno baldío y abandonado. El barrio del Besós, ya tenía su monumento.

Desde la inauguración, el 22 de mayo de 1973, en el barrio se popularizó la denominación de la plaza de Theolongo Bacchio para el lugar donde se colocó, pero oficialmente aquel rincón continuó sin tener nombre hasta noviembre de 1992, cuando el distrito de Sant Martí aprobó el arreglo, la ordenación del espacio y el otorgamiento de una denominación. La propuesta de nombre estaba clara, pero en la misma sede del Distrito ya se sospechaba de la falsedad de los datos que se alegaban en las inscripciones del monumento. Una consulta en el Museu d’Historia de la Ciutat acabó de sacar de dudas. "La respuesta del entonces director del Museu confirmó las sospechas del Distrito y consideró nula la relación entre el personaje (Theolongo), el pla de Barcelona (Betulon y Barcino) y la causa (el paso de los cartagineses por la costa catalana) ", explican Alfred Bosque, Jodi Cortadella y Josep David Garrido, profesores de la UAB en el artículo Teolongus Bachius, un heroi blanenc que mai no existí, publicado en el 2002 en La Blanda, publicación del archivo municipal de Blanes. Quedaba muy claro: Theolongo Bacchio era un personaje ficticio. Pero en el nomenclátor, la denominación popular ganó la batalla a la evidencia y la plaza fue inaugurada con su nombre actual el 16 de mayo de 1993.

Y he aquí la falsa historia de un héroe inventado, que campó durante siglos por la historia de Cataluña para acabar descubierto y desmentido pero inmortalizado en las calles de Barcelona.

Un puzzle de mentiras

El monumento a Theolongo Bacchio consta de dos partes. Por un lado, un bloque de piedra caliza de un metro de altura y 50 centímetros de ancho. En la mitad superior de la piedra había fijado un perfil barbudo de bronce (hoy desaparecido) por encima de unas ramas de laurel. Por otra parte, una losa de hormigón (la placa de mármol dada por el Ayuntamiento de Blanes) empotrada en el suelo que en realidad son dos losas: en la superior, una inscripción grabada sobre el hormigón reza en mayúsculas: "AL LEGENDARIO CAUDILLO DE LOS LAYETANOS TEHOLONG BACCHIO VENCEDOR DE LA BATALLA DE BTULON SIGLO III A.C. EN ESTOS CAMPOS PROVENÇALES". Y en la inferior, una placa de bronce en la que están grabados el busto de Theolongo y una inscripción en catalán. Al texto de la izquierda se explica por el pasaje de Bori y Fontestà: " THEOLONGO BACCIO FILL DE BLANDA (BLANES) ATACÀ A ANÍBAL AL SEU PAS PER CATALUNYA. ELS GENERALS ROMANS ESCIPIONS LI ERIGIREN UN MONUMENT A BLANES A LA GRATA MEMÒRIA LLEIALTAT VALOR I SENY". El de la derecha es una mezcla entre la noticia Llibre de Feyts d’Armes de Catalunya (Bernat Boades) i la Historia de Cataluña de Víctor Balaguer: “TEHOLONGO BACCHIO CABDILL DELS LAIETANS VENCEDOR D’AMÍLCAR BARCA I DELS CARTAGINESOS EN LA BATALLA DEL BETULO SEGLE III ABANS DE JC. DE RESULTES DE LA DESFETA ELS CARTAGINESOS MURALLAREN LA CIUTAT DE BARCINO (BARCELONA) I FOREN EVAQUATS PER MAR PER L’ALMIRALL ASDRÚBAL. REALITZAT PER L’ESCOLA D’APRENENTS DE MACOSA V-1973”.

Cabe destacar que Balaguer explica que el nombramiento de Theolongo es posterior y consecuencia de las luchas entre Amílcar y los pueblos del litoral, y no contemporáneo de ellas. Pero, como se trataba de encontrar una buena historia, no una de auténtica, la inscripción convierte al caudillo layetano en vencedor de Amílcar en el territorio donde hoy se encuentra el barrio del Besòs. ¿Como resistirse a creer una historia así?



Un coloso de las vías en el olvido

Escrito por barcelonadeaquiparalli 30-08-2016 en Sant Martí. Comentarios (0)

Antigua estación de la SagreraEn dirección a Clot, en la calle Gran de la Sagrera se alza un vetusto edificio con vistas al puente de Calatrava y a las inacabadas obras de lo que será en un futuro -cercano o no- la gran estación central e intermodal de pasajeros que aglutinará cercanías, regionales, largo recorrido y alta velocidad. Este antiguo edificio es el único superviviente de la antigua estación de mercancías que construyó la Compañía del Ferrocarril de Madrid, Zaragoza y Alicante (MZA). Cuesta imaginarlo, pero en el vacío que queda a su izquierda hubo en su día un edificio gemelo y un conjunto de casas de planta baja en las que vivían los empleados de la estación. Había color, movimiento, actividad, trasiego, ir y venir… vida. Hasta que todos fueron derribados.

Y sobre el terreno, solitario, solo quedó este edificio hoy ceniciento y decadente pero que aún mantiene su aspecto del coloso que debió ser: un coloso de estructura simétrica, formado por un cuerpo central y dos laterales, uno de ellos coronado por una pequeña cúpula, que se resiste a caer en el olvido y exhibe orgulloso lo que un día fue.

Antigua estación de la Sagrera

“Ferrocarriles de MZA. Barcelona-Clot (Sagrera). Mercancías a pequeña velocidad”, reza un enorme cartel metálico sobre los accesos principales de su fachada principal, que se asoma a la Baixada de la Sagrera, una calle que nació hacia el 1920 como vía de acceso a la puerta principal de la estación y que figura ya con este nombre en el nomenclátor de 1925. La calle formaba una especie de L, con entrada por la Sagrera y salida al inicio de Berenguer de Palou, y en el lado de montaña se encontraban los subterráneos de los edificios con entrada por la Sagrera y varios talleres.

La Baixada de la Sagrera

La Baixada de la Sagrera es la única calle del barrio que conserva el suelo de adoquines, y no de unos cualquiera, no, sino de los producidos por Fomento de Obras y Construcciones en la pedrera del Remei de Caldes de Montbui. De hecho, una de las razones por las que Fomento instaló su depósito en la cercana Torre del Fang, era que la proximidad de la estación de mercancías le permitía expedir los adoquines que desde Caldes, vía Mollet, llevaba a la Sagrera para enviarlas desde allí a todo el Estado.

El tren de abajo o de Francia, como se conocía a esta vía de la línea MZA (Madrid, Zaragoza, Alicante), llegó a Barcelona el 1854. Las mercancías se repartían entonces entre las estaciones del Clot y la de França hasta que en 1919 se inició oficialmente la construcción de la estación de mercancías “a pequeña velocidad”. Una denominación peculiar, pero ajustada a la realidad, ya que se trataba de una extensión del centro de mercancías del Clot, construida entre 1912 y 1918 y de la que tan solo quedan los arcos de piedra de una de las naves hoy totalmente integrados en la arquitectura del parque del Clot. La estación de la Sagrera, con las obras ya acabadas, entró en funcionamiento en diciembre de 1923. A cargo del contratista Josep Miarnau Navàs, tenía como objetivo descongestionar la del Clot, necesidad imprescindible también para permitir la ampliación de la estación de Francia, que sufría saturación de servicios. Así, asignando las mercancías a la Sagrera y el Morrot, se despejaban también las estaciones de pasajeros.

Fachada principal de la estación de La Sagrera

La estación estaba limitada en el lado opuesto por la ronda de Sant Martí; al norte, por el Pont del Treball, y por el puente de Calatrava, al sur. En su época esplendor ocupaba unos 200.000 metros cuadrados de superficie y disponía de una playa de vías que sumaba 17,5 kilómetros de longitud. Y, aunque se concibió como un apéndice de la del Clot, terminó tomando mayor importancia por las posibilidades que ofrecía en cuanto a superficie útil, volumen de mercancías, aduana, comunicaciones, telecomunicaciones y servicios administrativos, entre otras cosas.

Claro que la obtención de estos 200.000 metros cuadrados no estuvo exenta de conflictos. El primer proyecto de 1912 lo tumbaron; el de 1914 se aprobó en 1915 y se tuvieron que expropiar una treintena de propietarios, la mayoría aristócratas, como el barón de Albí, el conde de Sert o la marquesa de Monistrol, que con el maestro de obras Ribera Quadreny, que presidía la Junta del Rec, no lo pusieron nada fácil, y obtuvieron la construcción del puente de Espronceda que cruzaría las vías y la promesa de la construcción del puente del Treball.

La estación también comportó delincuencia. Las mercancías que traían los trenes, algunas procedentes del puerto, otras de Francia, constituían un buen botín, de manera que la estación siempre estuvo custodiada por aduaneros y guardias jurados, aunque a veces el robo venía de dentro. El verano de 1927 detuvieron a Enric Masferrer Casanova y Manuel Villuendas Tejedor, que escondían mercancía al lado del Rec Comtal, entre las hierbas, y la iban a buscar al acabar su turno.

Entrada lateral estación de la Sagrera

En 1910 se empezó a mover el tema de la estación de mercancías, en 1983 los arquitectos Enric Batlle, Joan Roig y Xavier Basiana hicieron el primer planteamiento para ordenar la viabilidad de la zona apuntando hacia una nueva puerta norte ferroviaria, cara a la transformación olímpica de 1992; se planteó la construcción de una nueva estación central ferroviaria similar a la de Sasnts que, además de reestructurar la red ferroviaria de la ciudad, sería el motor de transformación y desarrollo del Clot, la Sagrera y Sant Andreu, creando una nueva área de centralidad. En 1990 Arenas, Basiana y Gil hicieron el proyecto, al que se añadió Norman Foster en 1991, con un horizonte de la Sagrera 2004.

Las tensiones entre Fomento, la Generalitat y el Ayuntamiento, en especial en épocas de colores políticos enfrentados, aplazaron in aeternum el inicio de las obras, que no arrancaron en firme hasta el 2009, y así están, sin die, para acabarlas. Entre medias, escándalos de fraude. La vieja estación ha sido prácticamente derribada; nada queda de la inmensa playa de vías ni de los pabellones utilizados para la distribución y almacenaje de mercancías situados en la zona de andenes. Nada, excepto ese edificio, carente de los rasgos monumentales y artísticos de otras estaciones de su época a nivel arquitectónico, pero que respondió con creces a su función. Él es el único testigo de lo que fue en su día esta enorme estación central de mercancías de Barcelona.  Él y un pequeño bar, existente desde siempre, lugar de almuerzos de los trabajadores de la estación y de Correos, parada de taxistas y transportistas.




Una torre de leyenda en Sant Martí

Escrito por barcelonadeaquiparalli 02-04-2016 en Sant Martí. Comentarios (0)

En la calle del Clot, entre el puente de Calatrava y el de Espronceda, se alza un edificio peculiar. Solitario y silencioso, medio cubierto por un trampantojo y con ventanas y puertas tapiadas, su estado de abandono esconde siglos de existencia. Y es que hablar de la Torre de Fang es hablar de la historia de Sant Martí de Provençals, antigua localidad anexionada como barrio a Barcelona, ​​a finales del siglo XIX.
El dietario de la Generalitat del 23 de febrero de 1559 ya hace mención del edificio, aunque con el nombre de Torre de la Virgen María, y el escudo que preside la puerta principal (hoy oculto bajo una lona de artificio) demuestra pertenecer al Condado de Barcelona, ​​dato que certificaría que la construcción ya existía, aunque quizá no con este mismo aspecto, en el siglo XII.

Fachada principal de la Torre del Fang.


Sólo así se explica la romántica y antigua leyenda del Corazón Comido. Explica esta antigua historia que Dolça de de Provença llegó a Cataluña en el año 1112 para casarse con Ramón Berenguer, junto a un nutrido grupo de caballeros provenzales destinados a hacerle compañía para que no echara de menos su tierra. El conde les dio a todos ellos propiedades en las afueras de la ciudad, pero cerca, y con el tiempo hizo construir una casa de campo, la llamada Torre del Fang, para su mujer. Allí pasaba Dolça largas temporadas rodeada de su gente, hasta que el conde descubrió que el interés de la dama no era tanto por sus paisanos como por un joven trovador provenzal que le cantaba bajo la ventana. Enterado de este hecho, Ramón Berenguer lo hizo capturar en secreto para torturarlo y finalmente matarlo. Y, por si esto fuera poco castigo, ordenó que le arrancaran el corazón y se lo sirvieran cocinado y acompañado de otras viandas a Dolça, que se lo comió sin saber en realidad que aquel manjar era parte de su amado. Cuando el conde le confesó a su mujer lo que había comido, ella decidió no ingerir ningún otro alimento nunca más. Y así fue, hasta que murió de hambre.

La Torre del Fang, en estaso decadentw, antes de los años 60.

Al margen de esta romántica leyenda que nos remite al siglo XII, cabe destacar que la edificación que ha llegado hasta nuestros días es posterior. De hecho, las dos fachadas más antiguas datan del finales del siglo XIII-principios del XIV y XV, y corresponden a las que dan a la calle del Clot -realizadas con sillares de piedra-- y la esquina de Espronceda -con muros de mampostería ligada con arcilla--, respectivamente. Un estudio realizado por el gabinete Aqaba explica que la Torre del Fang es sólo una de las casi 30 casas que había en San Martí y la edificación más antigua de la zona. Su propiedad estuvo siempre relacionada con familias importantes barcelonesas, como la de Galzerán de Gualbes (1423), mercader y banquero del siglo XIV que llegó a ser miembro del Consell de Cent. Con los años, la masía y sus tierras pasaron por donación al clero.

Pero su papel en la historia no termina ahí. Según el estudio de Aqaba -que se ha tenido en cuenta para el proyecto de reconstrucción de la torre--, en 1713 y 1714, la torre fue utilizada por el ejército borbónico para bombardear Barcelona. Y fue justamente hacia la mitad del siglo XVIII cuando la casona se amplió con más cuerpos constructivos. Mirando su fachada maltratada por el tiempo, cuesta creer, pero parece ser que este fue en su momento un lugar privilegiado. Por un lado, su proximidad al Rec Comtal favorecía las tareas agrícolas y, por otro, estaba situada en una vía principal, ya que la calle del Clot (antes carretera de Ribas) había sido el camino real que salía desde el portal Nou de las murallas de Barcelona hasta Sant Andreu del Palomar y San Martín.