Barcelona de aquí para allí

Sant Andreu

Una vía entre molinos de Sant Andreu al Clot

Escrito por barcelonadeaquiparalli 22-10-2016 en Sant Martí. Comentarios (0)

Entrada de la calle Arc de Sant SeverEn la manzana que forman las calles Mallorca, Rogent, Sibelius y Valencia hay algo extraño. Una casa de planta y piso, con un pequeño jardín delantero situada en esta última vía principal, rompe la uniformidad total de esa isla rectangular formada por edificios de cinco o más pisos. Superada la verja que delimita su terreno en la fachada que da a València, se abre una brecha: un callejón sin salida estrecho y oscuro, la calle Arc de Sant Sever.

Salta a la vista que tanto esta casa deshabitada está desubicada, como si no perteneciera a la calle Valencia, con la que su fachada ni siquiera está alineada. Y no es extraño porque, efectivamente, cuando se construyó no formaba parte de esta vía, sino de un camino rural con un trazado muy diferente y con el que el azar o, mejor dicho, la evolución urbanística de la ciudad, lo llevó a coincidir, o casi, en este punto exacto.

Placa antigua de la calle Arc de Sant Sever


El camino original sobre el que estaba situada esta casa, conlidante a la calle Arc de Sant Martí es, cuando menos de origen medieval, aunque Magí Travesset lo menciona al hacer referencia a las vías romanas, al final de su artículo Estudi de la xarxa viària de tradició romana al Pla de Barcelona, eso sí, dejando claro que no se ha encontrado ningún indicio documental sobre su origen romano.

Casa centenaria a la entrada de la calle Arc de Sant Sever


Su nombre más antiguo corresponde al de Via Molinaria, el camino de los molinos, y su historia va muy ligada a la del Rec Comtal, construido a principios del siglo XI por orden de los condes de Barcelona y que seguía el trazado del antiguo acueducto romano que había llevado el agua del Besòs a Barcelona hasta, al menos, el siglo V.

Sí, hubo un tiempo lejano en que los molinos formaban parte del paisaje de la ciudad y se extendían a lo largo del Rec, desde Sant Andreu hasta el Clot (uno de los núcleos harineros más importantes a partir del siglo XIV), el último lugar donde se podían ver antes de entrar en la ciudad amurallada. La Via Molinaria seguía el trazado del Rec, unas veces a cierta distancia, a unos cientos de metros, y otros, a la orilla.

Dieciséis molinos

Para hacerse una idea de la infraestructura molinera del Rec, habría que remontarse a la primera mitad del siglo XII, según explica Enrich H. March en su libro El Rec Comtal. 1.000 anys d’història (Viena Edicions, 2016), con un conjunto de dieciséis mollinos agrupados en cinco casals. “Els primers molins eren uns casals en la part superior dels quals hi havia les moles o rodes de pedra, estriades a la cara de moldre i amb un forat al mig per on queia la farina, quer era recollida en dipòsits o sacs. A la part inferior o carcau hi havia el rodet que s’unia a la roda sobirana. El mecanismo era mogut per la força de l’aiga, que es prenia d’un riu a través d’una reclosa –que podía ser una paret o pedres amuntegades--, la qual permetia alçarel nivel de l’aigua i derivar-la fora del seu llit cap a un rec que la conduïa al molí. Una comporta permetia obrir o tancar l’entrada d’aigua, i una barra de ferror servia per fer pujar o baixar el banc, de manera que la mola rodés més de pressa o més lentament […].  En el segle XIII els casals ja es construïen amb pedra ben tallada, les moles es protegien amb una nau coberta amb arcades i el moliner acostumava a viure amb la seva familia en el mateix edifici, sobre la nau”, describe Enrich H. March.

Mapa con la situación de los molinos del Rec Comtal. Font: El Rec Comtal (Eneric H. March. Viena Edicions, 2016)

El caso es que, hacia finales del siglo XI los documentos ya mencionan los molinos por el nombre del casal al que pertenecían. Y ya en aquella época se mencionaban los del Clot, los d’en Soler y los Molins de la Mar. “Cada casal podía tenir més d’un molí, i entenem per molí cada una de les moles o rodes de moldre, tot i que sovint es trova el terme molins com a sinònim de casal”, señala Enric H. March.

El molino de Montcada, situado entre las calles Molí, Reixagó y la Masia de Montcada i Reixac, sobrevivió hasta la década de 1950. En el barrio de Vallbona, en 1966, aún se podía ver una mola volandera del molino de Guillem d’Argentona. Los molinos de Sant Andreu, todos de harina y construidos entre 1280 y 1287, estaban ubicados en el solar de la calle Fernando Pessoa, 6-16, y son los únicos de los que se conservan restos en este yacimiento. Los últimos restos de los molinos Jussà o de Dalt y Sobirà o de Baix, todos en el Clot, desaparecieron en 1973. El edificio del molino de Baix, activo hasta 1936, subsistió como cine en la calle de la Sèquia Comtal hasta 1941.

Del resto de molinos que se extendían a lo largo del recorrido del Rec hasta llegar al Portal Nou no se ha encontrado, hasta el momento, ningún resto arqueológico. Pero entre ellos se contaban los Molins Nous (el del Comendador, el de Cordelles, el del Dormidor y otros dos de la Pólvora), ubicados en la confluencia de la riera de Malla y el camino de Horta. En la esquina del paseo de Lluís de Companys con la calle Comerç se encontraba el molino del Portal Nou. Y, una vez dentro de lo que fue la Barcelona amurallada, se encontraban los molinos de Sant Pere (en la actual plaza de las Basses de Sant Pere), el de la Sal (en el cruce de la calle Princesa con la plaza de La Puntual). De los molinos de la Mar no queda ni rastro, ni siquiera se intuyen en el trazado urbano actual.

Un pasado entre las calles

Ante la falta de restos arqueológicos de los diferentes molinos, las huellas de aquella Via Molinera sobre el territorio de Barcelona más evidentes han llegado a nuestros días en forma de calles: Enamorats, Bofarull y Ciutat d’Elx. Estas tres calles tenían continuidad, eran un mismo camino ininterrumpido, en el plano de la ciudad antes de la urbanización que fragmentó el camino original y cambió los nombres según los barrios que atravesaba, Poblet, Clot, Navas y Sagrera, respectivamente.

Uno de los tramos recibió el nombre de camino de los Enamorados --sobre el que se trazó la actual calle de los Enamorats—, que conducía de Sant Martí a Barcelona por el coll de la Celada y llamado así por el torrente del mismo nombre que atravesaba el camino, y que hacía de frontera entre Sant Martí y los municipios de Gràcia y Barcelona.

Calle Rogent en dirección a Clot

Calle Sibelius. A la derecha, el Antic de Bofarull

El camino de los Enamorados llegaba hasta el torrente del Bogatell –actualmente, la calle Rogent—y hacía de frontera natural entre el Clot y el Camp de l’Arpa. Y a partir de quí se convertía en el camino de Sant Sever hasta la actual avenida Meridiana. De ese tramo, diluido totalmente la calle València ha llegado hasta nuestros días el callejón del Arc de Sant Sever, un antiguo paso de carruajes entre Rogent y Sibelius que toma su nombre de la capilla de Sant Sever.

Calle Antic de Bofarull, de Sibelius a la plaza del Doctor Serra

Calle Bofarull, entrando por Navas de Tolosa

A partir de la calle Sibelius, cerca de donde estaba el molino Sobirà del Clot, la Via Molinaria cambiaba su nombre por el de camino de Bofarull, que en la actualidad se correspondería en el primer tramo con la calle Antic de Bofarull y, tras perderse unos cientos de metros en el trazado de la Meridiana, reaparece como Bofarull a partir de Navas de Tolosa y hasta Felip II, y vuelve al trazado urbano desde la calle Honduras, convertido en Ciutat d’Elx, hasta la calle de la Sagrera, donde se encuentra la torre de agua y el punto donde se pierde cualquier rastro de la Via Molinaria.


Tres masías para la historia, en Sant Andreu

Escrito por barcelonadeaquiparalli 29-09-2016 en Sant Andreu. Comentarios (0)

Cal Borni, la antigua Torre del Baró y la Torre dels Pardals. Tres masías ya desaparecidas que fueron escenario de capítulos puntuales de la historia y que revelan la importancia de Sant Andreu de Palomar en los hechos históricos ocurridos entre el siglo XVII e inicios del XVIII, y en concreto entre 1640 y 1716. Por una parte, Sant Andreu sufrió los efectos de las revueltas y las diversas guerras que se sucedieron, y por otra, muchos miembros de la población participaron activamente en el devenir de los hechos y en episodios puntuales. Existen testimonios escritos de la presencia de ‘segadors’ y ‘somatens’ de varias comarcas en Sant Andreu durante los hechos de mayo y junio de 1640, del asentamiento de tropas españolas durante el sitio de Barcelona de 1652 y el de tropas francesas en el sitio de Barcelona de 1697.

En mayo de 1704, el grueso del ejército austracista desembarcado en la boca del Besòs se alojó en Sant Andreu, y en Santa Eulàlia de Vilapicina se produjeron algunos choques cuando las tropas borbónicas intentaron romper el cerco sobre Barcelona. Sant Andreu proporcionó contingentes importantes a los somatenes del Vallès que atacaron el ejército de Felipe V a su paso por la Torre del Baró, el cual tomó represalias contra la población andreuenca. En agosto de 1705 los ‘prohoms’ de Sant Andreu juraron lealtad al archiduque Carlos, que acababa de desembarcar, en la masía de Cal Borni. A los pocos meses se invirtió la situación, y Sant Andreu fue ocupado por el ejército borbónico del duque de Noailles que sitiaba Barcelona.

El archiduque Carlos pasó revista al Regimiento de la Real Guardia Catalana en territorio de Sant Andreu en mayo de 1709. Las tropas borbónicas iniciaron un nuevo cerco sobre Barcelona en julio del 1713, y ubicaron uno de sus principales centros de operaciones en Sant Andreu , en la Torre dels Pardals, cerca del Guinardó. En este lugar se establecieron cuarteles, una potente batería de artillería y un punto de observación avanzado para el alto mando francés, el duque de Popoli primero y el duque de Berwick después, ya en la última fase del asedio, el verano de 1714.

Quedémonos con estos tres escenarios: Cal Borni, la antigua Torre del Baró y la Torre dels Pardals. Tres escenarios de episodios históricos puntuales, tres masías de Sant Andreu de las que ya no queda ni rastro, pero que merecen ser recordadas. ¿Por qué fueron las elegidas? ¿Qué papel jugaban entonces? ¿Quiénes eran sus propietarios? ¿Qué ha llegado de ellas a la actualidad?

La antigua Torre del Baró

La antigua Torre del Baró

Los territorios de la antigua Torre del Baró abarcaban la Quadra de Vallbona (actualmente los barrios de Torre Baró, Ciutat Meridianta i Vallbona), situada en uno de los extremos del antiguo término municipal, allí donde acababa el territorio de Barcelona y empezaba el antiguo término del castillo o baronía de los señores de Montcada. Históricamente, el límite había sido el torrete de Tapioles, aunque actualmente está delimitado por el cerro de la Batería. La noticia más antigua de la entonces llamada Casa o Torre de Vallbona data del 1172, en el testamento de Carbonell de Vallbona. En el siglo XIV fue adquirida por  Guillem de Argentona, que en el 1339 tenía problemas por el hecho de que el Rec Comtal cruzar por mitad de sus tierras e hizo variar el curso del Rec sin el consentimiento del rey, quien le obligó en 1361 a devolver el paso del agua por su antiguo curso. Su hijo, Guillem de Argentona, era un caballero y militar que luchó contra el rey de Castilla durante la guerra de los dos Pedros, entre 1361 y 1363. Al finalizar la guerra, se volvió a la casa Vallbona, que se convirtió en su residencia habitual en 1364. Un año después consiguió cercar toda su propiedad y crear una dehesa que dependía del castillo de Montcada, a pesar de que parroquialmente pertenecía a Sant Andreu de Palomar.  Posteriormente, la propiedad pasó a manos de la familia de los barones de Pinós, que en el siglo XVI construyeron una torre rural en aquel terreno. De ahí que pasara a ser conocida como la Torre del Baró.

Pero esta edificación no es la que se encuentra actualmente ne la montaña ni tampoco la que muchos ‘andreuencs’ recuerdan y que fue derribada en 1967, con la puesta en marcha de la Meridiana. La antigua Torre del Baró estaba situada muy cerca de la nueva torre, en el camino de la torre nueva a la fuente del Mugueral, cerca del torrente de Tapioles.

La vieja torre no aguantó ni dos siglos en pie. El barón de Pinós fue uno de los defensores de la ciudad de Barcelona durante el sitio del 1714. Durante ese periodo, bajo las órdenes de Felipe V, se ordenó quemar la Quadra de Vallbona y destruir la casa propiedad del barón rebelde.

En el censo de 1716 contaba con unos 600 habitantes. Su población se distribuía de manera dispersa por un extenso territorio entre el núcleo principal, en torno a la parroquia de Sant Andreu, otro secundario cercano a la iglesia de Santa Eulàlia de Vilapicina, y numerosas masías diseminadas. Con la organización política local, impuesta por el Decret de Nova Planta (1716), Sant Andreu tuvo ayuntamiento propio, segregado de la administración de Barcelona. Al caer Barcelona, el barón de Pinós huyó y Joan de Sarriera Rocabertí, el conde de Solterra, aliado de Felipe V, se quedó todo el territorio en propiedad sin la torre, que quedó totalmente destruida y de la que se conservaron algunos restos hasta después de la Guerra Civil (1936-1939).

Cal Borni

En el númCal Borni a principios del siglo XX.ero dos de la calle Gran de Sant Andreu, un coro de voces infantiles se une al trasiego diario de los coches, la gente que va y viene. Es la banda sonora de la escuela Turó Blau, conocida con este nombre desde 1982, fundada en 1940 como Escuela Municipal de Formación Doméstica Teresa de Jesús. Ni una pista, ni una placa, nada en ese lugar queda ya de la masía que se levantaba sobre ese mismo solar y que vivió algún que otro importante momento histórico: Cal Borni. Cuenta la leyenda que el origen de su nombre está en su propietario, que durante una fiesta con fuegos artificiales se quedó tuerto (borni, en catalán) tras caerle un cohete en el ojo.

Actualmente, quizá no lo parezca, pero Cal Borni estaba situada en un punto estratégico: justo donde empezaban las tierras municipales de Sant Andreu, entre el Camí Reial --actualmente, la calle Gran de Sant Andreu-- y el cruce con la Riera de Horta, lo que hoy conocemos como la calle  Pare Manyanet.

Esta riera era el límite oriental del territorio de Barcelona; el occidental lo marcaba la riera de Sants (la Riera Blanca).  Pedro el Grande, en el 1284, decretó estos límites como zona exenta de pago de diezmos y primicias de los frutos cosechados. La riera de Horta, además, al ser el límite del espacio constituido como territorio barcelonés, fue uno de los lugares escogidos por los consejeros y los gobernadores locales de Barcelona para recibir a las autoridades destacadas que acudían a la ciudad, y desde aquí partían luego en comitiva hacia la capital. Protocolos al margen, la riera también servía de barrera epidemiológica; es decir, cuando se sabía que había peste en Barcelona, no se dejaba pasar a nadie y la población de Sant Andreu quedaba protegida.

En el libro ‘Les masies de Sant Andreu de Palomar. Inventari de cases de pagès andreuenques’ (Llop Roig, 2014) descriu així la masia: “La casa, de planta cuadrada, tenía planta baja, un piso y buhardilla. En el techo tenía un pequeño torreón. El tejado era a cuatro aguas desde el torreón y con teja árabe. Hacia el siglo XIX se le hizo un balcón en la esquina entre la calle Grande Sant Andreu y la Riera d’Horta. En la misma esquina, en la primera planta sobre el balcón, tenía una hornacina con la Virgen María y el Niño Jesús. La parcela, además de la casa, contaba con un gran jardín que iba desde la casa hasta la calle Sant Sebastià en el que incluso había un estanque con barcas”.

Cal Borni era la primera casa del pueblo entrando por Sant Martí de Provençals, por ello también sirvió durante mucho tiempo como casa de ‘burots’, una especie de aduana, ya que la gente que transportaba mercancías en los carros y caballos primero –luego llegarían los automóviles-- tenía que pagar unos impuestos.

Los primeros propietarios documentados fueron la familia Umbert, grandes terratenientes en Alella, que adquirieron la finca durante la Guerra dels Segadors ( 1640-1656). Gabriel Umbert murió hacia 1658 y dejó la casa a su hijo Jaume, propietario hasta que murió en 1685. La saga continuó con su hijo, que también se llamaba Jaume y que murió hacia el 1700, y su hermano Gabriel fue el admnistrador hasta que su sobrino Jaume alcanzó la mayoría de edad.

Durante la Guerra de Sucesión (1702-1714), el mismo archiduque Carlos III, en el 1709, utilizó Can Borni como cuartel general de su plana mayor. E incluso su esposa, Elisabet Cristina de Brunswick, se alojó en ella durante unos días, así como otras personalidades durante los siglos XVIII y XIX.

Pero a mitad del siglo XVIII las deudas empezaron a acumularse y Jaume Umbert vendió la casa, que pasó a manos de Anton Batista, conocido como Anton Borni, de ahí el hombre de la casa. La familia Batista era muy respetada y considerada una referencia en el pueblo. Durante la Guerra del Francés (1808-1814) el comandante que controlaba el acceso al pueblo se instaló en la casa y, durante el conflico, la única persona que pudo pagar la exención de quintas para no ir a la guerra fue Miquel Batista, uno de los hijos de Anton Borni. En diciembre de 1835 unos ladrones entraron a robar en la casa y asesinaron a Anton Batista.

Engràcia Batista Planas, la última heredera de los Batista, murió el 16 de noviembre de 1891, y dejó gran parte de sus propiedades a la parroquia de Sant Andreu, aunque la casa aún segúa en manos de su familia, primero de su marido, Josep Bogunyà Vila, como usufructuario de sus bienes, y después de sus herederos.

Al llegar el siglo XX la casa empezó a entrar en decadencia. Antes de empezar la Guerra Civil (1936-1939), el Ayuntamiento –Sant Andreu se anexionó a Barcelona en 1897—decidió construir en ese terreno un hospital. Para ello, como se trataba de una casa señorial, fue desmontada piedra a piedra y almacenada en algún lugar de Barcelona para poder reconstruirla en otro lugar de la ciudad.

En el solar se empezó a construir un edificio destinado a hospital, pero el edificio aún estaba por terminar cuando la guerra se acabó y el proyecto de hospital se paró. Entonces, los propietarios iniciaron los trámites con el Ayuntamiento para vender los terrenos de la casa y, una vez adquiridos por el municipio, se decidió construir una escuela En el solar se empezó a construir un edificio destinado a hospital, pero el edificio aún estaba por terminar cuando la guerra se acabó y el proyecto de hospital se paró. Entonces, el Ayuntamiento compró el terreno y decidió construir un colegio. Así, en 1940 entró en funcionamiento la Escuela de Formación Doméstica Teresa de Jesús, inaugurada oficialmente el 17 de julio de 1941 y destinada a formar las niñas de 5 a 12 años para llevar un hogar y educar a sus hijos, además de formarlas en la enseñanza primaria y en el adoctrinamiento religioso. A lo largo de los años, la escuela sufrió diversos cambios pedagógicos, aunque quizá la fecha que marcó una inflexión en su transformación fue el curso 1979-80, cuando se implantó la coeducación. En 1982, el claustro pidió el cambio de nombre y pasó a llamarse Turó Blau, en referencia al último cerro de las montañas de Moncada que marcaba el límite del pueblo de Sant Andreu y donde, además, nace la riera de Horta, que antiguamente pasaba por delante de la escuela.

La Torre dels Pardals o Mas Roig

La Torre dels PardalsDe ella no queda más que su recuerdo en el nomenclátor de la ciudad, gracias a la calle homónima que va desde la calle Muntanya hasta la calle Amílcar, y un poema escrito por Magí Valls Martí (18885-1970), hijo de Josep Maria Valls Vicens, uno de sus propietarios, con motivo de su derribo en 1963. Sobre el solar que acoge desde esa fecha un enorme edificio esquinero de seis plantas se levantaba la Torre dels Pardals.

El hecho de haber desaparecido no puede borrar el mérito de ser lo que fue: una de las masías con más historia del Guinardó. Era un edificio de fuertes muros con una torre alta a un lado que le conferían casi el carácter de castillo. “La masía ocupaba un solar de forma cuadricular de 4 áreas y 35 centiáreas, según consta en la ecritura de propiedad. La casa constaba de planta baja, un piso principal y buhardilla, y destacaba una torre que la caracterizaba. Delante tenía un patio una era de 28 áreas y 66 centiáreas. La finca de la Torre dels Pardals incluía otra masía llamada Can Xica o Can Bartra” (‘Les masies de Sant Andreu de Palomar. Inventari de cases de pagès andreuenques’. LLop Roig, 2014)

Al menos así quedó tras su restauración a cargo del arquitecto Josep Rubió  Bellver, que la transformó en una villa modernista, por encargo de José Roig, un rico harinero de Reus que la compró en 1915. Con la reforma “la casa mantuvo su planta rectangular original pero se amplió. La buhardilla pasó a ser una segund planta y la cubierta se convirtió en plana transitable con una barandilla balaustrada. A la torre se le añadió una planta más y se coronó con una cubierta a cuatro aguas. Las aperturas, tanto de la torre como del resto de la casa, se multiplicaron y se añadieron miradores. El interior de la casa también fue decorado con acabados suntuosos, exquisitos artesonados y excelentes trabajos de ebanistería. La salida de la casa se convirtió en un magnífico patio de reminiscencias clásicas, con parterres. Todo el patio estaba delimitado por una original valla modernista”.

Antes de José Roig y su reforma, la casa perteneció a Josep M. Valls Vicens, un banquero de Barcelona que la adquirió a finales del siglo XIX. Pero los orígenes se remontan aquellos restos de termas romanas que se encontraron durante una reforma del siglo XVIII. La construcción del gran casalón es en realidad del siglo XV, aunque se cree que este se edificó sobre otra construcción ya derribada en el siglo XIV y que, según un documento de 1389, pertenecía a la familia Bernat Gassó.

Sea como fuere, la masía jugó un papel destacado en diversas épocas históricas, como en las guerras del siglo XVI. Más tarde, durante la lucha de 1714 contra Felipe V, en la Guerra de Sucesión, fue sitiada durante muchas batallas. Destaca la batalla del 8 de abril de 1714, a las puertas del edificio. Se dice que el mismo archiduque de Austria, durante una visita por la zona se alojó en ella. Posteriormente, también fue testimonio de las guerrillas durante la invasión napoleónica de 1808.

A mediados del siglo XIX, la finca de la Torre era propiedad del Estado español, tras serle expropiada al Seminario Conciliar de Vic.  Miquel Roldós Serrat se convirtió en su propietario al pujar por ella en una subasta celebrada el 29 de abril de 1871, aunque en junio de aquel mismo año y sin haber pagado ni el primer plazo, se declaró en quiebra. La había comprado por 207.001 pesetas de la época y la vendió por 500 a Tomàs Fàbregas Boquet en 1876. Tras su muerte, pasó a sus hijos, Rosendo y Joan Fàbregas Alier. Y de ellos, en 1893, al doctor en Medicina Josep Ricart Gila, que se la vendió en 1897 al terrateniente de Sant Martí de Provençals Pere Borràs Suñol. Y poco después, la compró Josep Maria Valls, que la restauró la casa sin que perdiera el estilo de masía, al que puso fin su siguiente propietario, Joan Roig, como se explica más arriba.

Durante la República, la casa se convirtió en la Escola de la Natura. Y en ella también vivió el presidente de las Corts de la República, Diego Martínez Barrio, cuando el gobierno se trasladó de Valencia a Barcelona, de octubre de 1937 a enero de 1939, cuando se vio obligado a huir a Francia debido a la entrada de los nacionales en Barcelona. Eso punto y seguido a la historia de la Torre dels Pardals. El punto y final lo pondría su derribo en 1963.