Barcelona de aquí para allí

Una vía entre molinos de Sant Andreu al Clot

Entrada de la calle Arc de Sant SeverEn la manzana que forman las calles Mallorca, Rogent, Sibelius y Valencia hay algo extraño. Una casa de planta y piso, con un pequeño jardín delantero situada en esta última vía principal, rompe la uniformidad total de esa isla rectangular formada por edificios de cinco o más pisos. Superada la verja que delimita su terreno en la fachada que da a València, se abre una brecha: un callejón sin salida estrecho y oscuro, la calle Arc de Sant Sever.

Salta a la vista que tanto esta casa deshabitada está desubicada, como si no perteneciera a la calle Valencia, con la que su fachada ni siquiera está alineada. Y no es extraño porque, efectivamente, cuando se construyó no formaba parte de esta vía, sino de un camino rural con un trazado muy diferente y con el que el azar o, mejor dicho, la evolución urbanística de la ciudad, lo llevó a coincidir, o casi, en este punto exacto.

Placa antigua de la calle Arc de Sant Sever


El camino original sobre el que estaba situada esta casa, conlidante a la calle Arc de Sant Martí es, cuando menos de origen medieval, aunque Magí Travesset lo menciona al hacer referencia a las vías romanas, al final de su artículo Estudi de la xarxa viària de tradició romana al Pla de Barcelona, eso sí, dejando claro que no se ha encontrado ningún indicio documental sobre su origen romano.

Casa centenaria a la entrada de la calle Arc de Sant Sever


Su nombre más antiguo corresponde al de Via Molinaria, el camino de los molinos, y su historia va muy ligada a la del Rec Comtal, construido a principios del siglo XI por orden de los condes de Barcelona y que seguía el trazado del antiguo acueducto romano que había llevado el agua del Besòs a Barcelona hasta, al menos, el siglo V.

Sí, hubo un tiempo lejano en que los molinos formaban parte del paisaje de la ciudad y se extendían a lo largo del Rec, desde Sant Andreu hasta el Clot (uno de los núcleos harineros más importantes a partir del siglo XIV), el último lugar donde se podían ver antes de entrar en la ciudad amurallada. La Via Molinaria seguía el trazado del Rec, unas veces a cierta distancia, a unos cientos de metros, y otros, a la orilla.

Dieciséis molinos

Para hacerse una idea de la infraestructura molinera del Rec, habría que remontarse a la primera mitad del siglo XII, según explica Enrich H. March en su libro El Rec Comtal. 1.000 anys d’història (Viena Edicions, 2016), con un conjunto de dieciséis mollinos agrupados en cinco casals. “Els primers molins eren uns casals en la part superior dels quals hi havia les moles o rodes de pedra, estriades a la cara de moldre i amb un forat al mig per on queia la farina, quer era recollida en dipòsits o sacs. A la part inferior o carcau hi havia el rodet que s’unia a la roda sobirana. El mecanismo era mogut per la força de l’aiga, que es prenia d’un riu a través d’una reclosa –que podía ser una paret o pedres amuntegades--, la qual permetia alçarel nivel de l’aigua i derivar-la fora del seu llit cap a un rec que la conduïa al molí. Una comporta permetia obrir o tancar l’entrada d’aigua, i una barra de ferror servia per fer pujar o baixar el banc, de manera que la mola rodés més de pressa o més lentament […].  En el segle XIII els casals ja es construïen amb pedra ben tallada, les moles es protegien amb una nau coberta amb arcades i el moliner acostumava a viure amb la seva familia en el mateix edifici, sobre la nau”, describe Enrich H. March.

Mapa con la situación de los molinos del Rec Comtal. Font: El Rec Comtal (Eneric H. March. Viena Edicions, 2016)

El caso es que, hacia finales del siglo XI los documentos ya mencionan los molinos por el nombre del casal al que pertenecían. Y ya en aquella época se mencionaban los del Clot, los d’en Soler y los Molins de la Mar. “Cada casal podía tenir més d’un molí, i entenem per molí cada una de les moles o rodes de moldre, tot i que sovint es trova el terme molins com a sinònim de casal”, señala Enric H. March.

El molino de Montcada, situado entre las calles Molí, Reixagó y la Masia de Montcada i Reixac, sobrevivió hasta la década de 1950. En el barrio de Vallbona, en 1966, aún se podía ver una mola volandera del molino de Guillem d’Argentona. Los molinos de Sant Andreu, todos de harina y construidos entre 1280 y 1287, estaban ubicados en el solar de la calle Fernando Pessoa, 6-16, y son los únicos de los que se conservan restos en este yacimiento. Los últimos restos de los molinos Jussà o de Dalt y Sobirà o de Baix, todos en el Clot, desaparecieron en 1973. El edificio del molino de Baix, activo hasta 1936, subsistió como cine en la calle de la Sèquia Comtal hasta 1941.

Del resto de molinos que se extendían a lo largo del recorrido del Rec hasta llegar al Portal Nou no se ha encontrado, hasta el momento, ningún resto arqueológico. Pero entre ellos se contaban los Molins Nous (el del Comendador, el de Cordelles, el del Dormidor y otros dos de la Pólvora), ubicados en la confluencia de la riera de Malla y el camino de Horta. En la esquina del paseo de Lluís de Companys con la calle Comerç se encontraba el molino del Portal Nou. Y, una vez dentro de lo que fue la Barcelona amurallada, se encontraban los molinos de Sant Pere (en la actual plaza de las Basses de Sant Pere), el de la Sal (en el cruce de la calle Princesa con la plaza de La Puntual). De los molinos de la Mar no queda ni rastro, ni siquiera se intuyen en el trazado urbano actual.

Un pasado entre las calles

Ante la falta de restos arqueológicos de los diferentes molinos, las huellas de aquella Via Molinera sobre el territorio de Barcelona más evidentes han llegado a nuestros días en forma de calles: Enamorats, Bofarull y Ciutat d’Elx. Estas tres calles tenían continuidad, eran un mismo camino ininterrumpido, en el plano de la ciudad antes de la urbanización que fragmentó el camino original y cambió los nombres según los barrios que atravesaba, Poblet, Clot, Navas y Sagrera, respectivamente.

Uno de los tramos recibió el nombre de camino de los Enamorados --sobre el que se trazó la actual calle de los Enamorats—, que conducía de Sant Martí a Barcelona por el coll de la Celada y llamado así por el torrente del mismo nombre que atravesaba el camino, y que hacía de frontera entre Sant Martí y los municipios de Gràcia y Barcelona.

Calle Rogent en dirección a Clot

Calle Sibelius. A la derecha, el Antic de Bofarull

El camino de los Enamorados llegaba hasta el torrente del Bogatell –actualmente, la calle Rogent—y hacía de frontera natural entre el Clot y el Camp de l’Arpa. Y a partir de quí se convertía en el camino de Sant Sever hasta la actual avenida Meridiana. De ese tramo, diluido totalmente la calle València ha llegado hasta nuestros días el callejón del Arc de Sant Sever, un antiguo paso de carruajes entre Rogent y Sibelius que toma su nombre de la capilla de Sant Sever.

Calle Antic de Bofarull, de Sibelius a la plaza del Doctor Serra

Calle Bofarull, entrando por Navas de Tolosa

A partir de la calle Sibelius, cerca de donde estaba el molino Sobirà del Clot, la Via Molinaria cambiaba su nombre por el de camino de Bofarull, que en la actualidad se correspondería en el primer tramo con la calle Antic de Bofarull y, tras perderse unos cientos de metros en el trazado de la Meridiana, reaparece como Bofarull a partir de Navas de Tolosa y hasta Felip II, y vuelve al trazado urbano desde la calle Honduras, convertido en Ciutat d’Elx, hasta la calle de la Sagrera, donde se encuentra la torre de agua y el punto donde se pierde cualquier rastro de la Via Molinaria.


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