Barcelona de aquí para allí

Una calle con un pozo y algunos besos

La calle dels Petons.

Es solo una calle estrecha y con poca luz que pasa desapercibida, una calle sin salida que podría pasar desapercibida de no ser por su nombre y las leyendas que giran en torno al origen del mismo: la calle dels Petons. Algunas de esas historias le imprimen un toque dramático, como la que cuenta que allí, los que iban a ser fusilados en el campo de tiro del parque de la Ciutadella, se despedían de sus familiares más queridos. Otras, un toque morboso, como la que explica que gracias a la intimidad que ofrece por la noche, las parejas acudían allí para dar rienda suelta a su pasión. En cualquier caso, nadie sabe a ciencia cierta cuál es el motivo real de su nombre, y quizá esa incertidumbre le da ese toque de misterio que seduce e invita a adentrarse en ella, a dejarse llevar hasta el final, hasta su rincón más escondido…. allí donde esconde los más preciados secretos de su pasado.

Aquellos que se aventuran a adentrarse en ella, descubren que al final del sinuoso y estrecho recorrido les aguarda un rincón sin salida coronado por una estructura circular sellada en su parte superior.

El pozo de la calle dels Petons

Es el pozo del gremio de los laneros de Barcelona, que se encontraba a cubierto al final del edificio gremial, situado delante del puente de Campderà, sobre el Rec Comtal. Junto a ese pozo que ha llegado hasta nuestros días, se extendía el Hort dels Tiradors, donde los tintoreros de Barcelona tenían derecho a secar los tejidos tintados. Ahora este punto de la ciudad es quizá un rincón olvidado, pero hasta bien entrado el siglo XVIII, esta ubicación del edificio gremial era un lugar estratégico a la entrada de la ciudad, entre las balsas de Sant Pere y el convento de Sant Agustí.

Durante siglos, el gremio de laneros de Barcelona fue el gremio textil más importante en ventas para el Mediterráneo, pero en el asedio de 1697 las tropas del general Vendôme destruyeron su Hort dels Tiradors, el edificio del gremio y buena parte de los tintes medievales donde se hacían los controles de calidad.

Aun así, durante el siglo XVIII el gremio de los laneros de Barcelona continuó aplicando un régimen estricto, pero no tenía los medios financieros para adaptarse a las innovaciones tecnológicas. A finales de ese mismo siglo se crearon fábricas textiles importantes en Terrassa, Sabadell y otras poblaciones, y el gremio de Barcelona fue perdiendo progresivamente importancia hasta que, finalmente, en el año 1825 desapareció.

Del edificio gremial, actualmente, solo quedan el portalón en la calle del Portal Nou, un león en la fachada, una plaza de los consejeros del año 1728 y ese pozo de agua que estaba en su parte trasera y que ahora es el final de la calle dels Petons, rodeado de restos de paredes y ventanas de épocas muy diversas y que resultó muy castigado durante los bombardeos de la Guerra Civil.


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: