Barcelona de aquí para allí

Una torre de leyenda en Sant Martí

En la calle del Clot, entre el puente de Calatrava y el de Espronceda, se alza un edificio peculiar. Solitario y silencioso, medio cubierto por un trampantojo y con ventanas y puertas tapiadas, su estado de abandono esconde siglos de existencia. Y es que hablar de la Torre de Fang es hablar de la historia de Sant Martí de Provençals, antigua localidad anexionada como barrio a Barcelona, ​​a finales del siglo XIX.
El dietario de la Generalitat del 23 de febrero de 1559 ya hace mención del edificio, aunque con el nombre de Torre de la Virgen María, y el escudo que preside la puerta principal (hoy oculto bajo una lona de artificio) demuestra pertenecer al Condado de Barcelona, ​​dato que certificaría que la construcción ya existía, aunque quizá no con este mismo aspecto, en el siglo XII.

Fachada principal de la Torre del Fang.


Sólo así se explica la romántica y antigua leyenda del Corazón Comido. Explica esta antigua historia que Dolça de de Provença llegó a Cataluña en el año 1112 para casarse con Ramón Berenguer, junto a un nutrido grupo de caballeros provenzales destinados a hacerle compañía para que no echara de menos su tierra. El conde les dio a todos ellos propiedades en las afueras de la ciudad, pero cerca, y con el tiempo hizo construir una casa de campo, la llamada Torre del Fang, para su mujer. Allí pasaba Dolça largas temporadas rodeada de su gente, hasta que el conde descubrió que el interés de la dama no era tanto por sus paisanos como por un joven trovador provenzal que le cantaba bajo la ventana. Enterado de este hecho, Ramón Berenguer lo hizo capturar en secreto para torturarlo y finalmente matarlo. Y, por si esto fuera poco castigo, ordenó que le arrancaran el corazón y se lo sirvieran cocinado y acompañado de otras viandas a Dolça, que se lo comió sin saber en realidad que aquel manjar era parte de su amado. Cuando el conde le confesó a su mujer lo que había comido, ella decidió no ingerir ningún otro alimento nunca más. Y así fue, hasta que murió de hambre.

La Torre del Fang, en estaso decadentw, antes de los años 60.

Al margen de esta romántica leyenda que nos remite al siglo XII, cabe destacar que la edificación que ha llegado hasta nuestros días es posterior. De hecho, las dos fachadas más antiguas datan del finales del siglo XIII-principios del XIV y XV, y corresponden a las que dan a la calle del Clot -realizadas con sillares de piedra-- y la esquina de Espronceda -con muros de mampostería ligada con arcilla--, respectivamente. Un estudio realizado por el gabinete Aqaba explica que la Torre del Fang es sólo una de las casi 30 casas que había en San Martí y la edificación más antigua de la zona. Su propiedad estuvo siempre relacionada con familias importantes barcelonesas, como la de Galzerán de Gualbes (1423), mercader y banquero del siglo XIV que llegó a ser miembro del Consell de Cent. Con los años, la masía y sus tierras pasaron por donación al clero.

Pero su papel en la historia no termina ahí. Según el estudio de Aqaba -que se ha tenido en cuenta para el proyecto de reconstrucción de la torre--, en 1713 y 1714, la torre fue utilizada por el ejército borbónico para bombardear Barcelona. Y fue justamente hacia la mitad del siglo XVIII cuando la casona se amplió con más cuerpos constructivos. Mirando su fachada maltratada por el tiempo, cuesta creer, pero parece ser que este fue en su momento un lugar privilegiado. Por un lado, su proximidad al Rec Comtal favorecía las tareas agrícolas y, por otro, estaba situada en una vía principal, ya que la calle del Clot (antes carretera de Ribas) había sido el camino real que salía desde el portal Nou de las murallas de Barcelona hasta Sant Andreu del Palomar y San Martín.

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